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Rubén Castro: un caso perdido

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Hay un dicho muy popular que reza que ‘calladito estás más guapo’. En el caso del jugador del Real Betis Rubén Castro está claro que sería míster universo si optase por la prudencia del silencio cuando lo que va a decir es una patochada tras otra. Pero el grancanario no parece conocer la templanza y suelta lo primero que se le viene a la cabeza, normal en un individuo que tampoco parece tener muy domesticadas sus manos cuando está delante de una mujer.

Saben ustedes que hace unas semanas se montó una muy gorda cuando un sector del Benito Villamarín comenzó a jalear a Castro y a vituperar a la mujer a la que supuestamente había zumbado como una estera el futbolista bético. Pues bien, al siguiente partido jugado en casa, encima con motivo del Día Internacional de la Mujer, le acabaron preguntando a este futbolista por esos cánticos vomitivos. Mira que se lo ponían sencillo al deportista, con lo fácil que era ir a favor de corriente. Pero no, el machango de Castro tenía que dar la nota.

El delantero verdiblanco quiso defender a esos radicales béticos (que por suerte no representan a la noble afición del Villamarín) y aseguró que los aficionados estaban en su derecho de cantar o vociferar lo que les diese la gana, que él no tenía que condenar o dejar de condenar nada.

Horas después, viendo el club el caldo de cultivo que se estaba cociendo en las redes sociales, llamó a capítulo al futbolista y le exigió que grabase una rectificación. El problema es que dentro de quince días o de un mes no habrá quien pare a cuatro desaprensivos en la grada que jaleen los malos tratos e igualmente Rubén Castro puede volver a congraciarse con esos descerebrados.

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