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Prácticas caciquiles del PSOE en Andalucía

El PSOE tiene todo a favor para seguir ganando elección tras elección en Andalucía. Y no sólo porque el principal partido en la oposición, el Partido Popular, se empeñe en regalarle las victorias nombrando a candidatos ya no de perfil bajo, sino de hueco relieve como Juanma Moreno Bonilla, o cederle la poltrona como en 2012, a pesar del triunfo de Javier Arenas, sino porque alguien ha destapado uno de los mayores escándalos éticos y morales que se le pueden descubrir a un partido, que sus acólitos se pongan en plan secta de los Testigos de Jehová para proclamar la palabra del socialismo y exigir el diezmo en modo de papeleta en la urna electoral.

Los comicios de 2012, los más complicados para un PSOE en situación de derrumbe tras el paso del zapaterismo, preveían un cambio histórico en Andalucía con un Javier Arenas en plan campeón. Pero como siempre suele pasar, el Arriola de turno le dijo que nada de rebajarse a debates electorales y desperdició una baza que luego se vio reflejada en el escrutinio definitivo. La había faltado el cara a cara con Griñán para poder alcanzar la mayoría absoluta. ¿Pero seguro que sólo fue un debate lo que salvó a los socialistas de caer al pozo de la oposición?

Ni mucho menos. El PSOE tenía claro que había que redoblar esfuerzos y movilizar a todos los cargos, enchufados y amigos de la mamandurria y, por lo pronto, se ha descubierto cómo la exdelegada de Empleo de la Junta de Andalucía, Irene Sabalete, le dejaba una cosa bien clara y meridiana a sus subordinados, que había que dejar las gestiones a un lado y salir a hacer campaña a la calle, estar como los Testigos de Jehová e ir a las sedes sociales de aquellos empresarios que habían sido beneficiados con subvenciones. El mensaje era bien directo y amenazante: “O gana el PSOE, o aquí ya no seguís”.

Ahora, casualidades de la vida, la tal Sabalete está en el trullo al estar supuestamente implicada en una de las ramificaciones de la trabajada red de corruptelas que lleva funcionando desde tiempos remotos en Andalucía. Y cuanto más papeles remueve la jueza Alaya, más crece esta estructura clientelar que ya ha demostrado que dos expresidentes, Chaves y Griñán, estaban al cabo de la calle. ¡Qué vergüenza!

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