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Castillo de Nalda: recuperar un pedazo de nuestra historia

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No me cansaré de decir y de insistir que La Rioja no sólo es vino y una atractiva y sugerente gastronomía. Esta pequeña comunidad, cruce de caminos y ruta obligada de los peregrinos en su caminar hacia Santiago de Compostela, ofrece a los turistas un amplio abanico de ofertas turísticas en las que la cultura juega un destacado papel.

Fruto de la preocupación de sus dirigentes políticos es la penúltima iniciativa que ha tenido lugar, el proyecto de recuperación del castillo de la localidad de Nalda, un emplazamiento con mucha historia y que el paso del tiempo parecía haber dejado en el olvido, a pesar de que ha sido un testigo mudo de importantes acontecimientos que conviene traer a colación para que, evidentemente, no los desterremos del pensamiento colectivo. La historia de toda una nación como España se forma, precisamente, de los fragmentos que podemos recoger en cualquiera de nuestro rincones.

El castillo de Nalda comienza a tener relevancia en las crónicas del rey Fernando IV en 1299, aunque parece probable que esta fortaleza defensiva sea anterior a esa fecha dada su ubicación estratégica dentro del entramado defensivo en el valle del Iregua. El castillo llegó a ser sede principal del Señorío de los Cameros entre los siglos XIV y XIX pero desapareció a partir del siglo XIX y estuvo abandonado y cubierto por la maleza hasta finales de 2012. Afortunadamente, el Gobierno riojano y el alcalde del municipio, Daniel Osés, se pusieron manos a la obra para evitar lo que habría sido una pérdida irreparable.

Es cierto que hay mucho trabajo por delante, dado el estado penoso en el que llegó a estar la infraestructura, pero dentro de unos años Nalda y La Rioja ofrecerán a sus habitantes y a quienes hemos tenido la oportunidad de disfrutar de la generosidad y del afecto de la tierra riojana un nuevo elemento más para seguir promocionando allende los mares esta región en la que se dan cita en perfecta simbiosis la cultura, la gastronomía, el turismo de aventura y, por supuesto, unos excelentes caldos. Así que felicidades a quienes han sabido darse cuenta de que Nalda no podía perder un monumento como este, un castillo que es un testigo mudo de nuestra historia y que su desaparición nos hubiese dejado huérfanos de un pedazo de nuestro glorioso pasado.

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