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Rivero no está, Rivero se 'fuel'

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¿Dónde está Paulino Rivero? El tan locuaz presidente del Gobierno canario en contra de las plataformas petrolíferas de Repsol asegurando que estaban tratando a las Islas como una colonia de tercera categoría, ha agachado la cerviz y cual avestruz ha metido la cabeza bajo tierra y no ha dicho ni mu sobre el terrible accidente del barco ruso que ha expandido una importante mancha de fuel en aguas del Archipiélago, a pocas millas del sur de la isla de Gran Canaria.

Rivero, el vocero mayor contra José Manuel Soria por lo de las prospecciones petrolíferas, augurando catástrofes ecológicas que ríanse ustedes de las que se anuncian en el Apocalipsis, ve ahora como un barco se parte en dos, expande una gran mancha de crudo y, lejos de poseerle los demonios, se calla como un maldito y, en todo caso, las protestas que realiza son con la boca pequeña.

Es decir, al de El Sauzal no le preocupaban los daños ecológicos que pudiera producir Repsol, lo que a él sencillamente le traía por las calle de la amargura era que el ministro de Industria, José Manuel Soria, pudiese colgarse la medalla de que en las aguas canarias hubiese petróleo. Como todo buen líder nacionalista, Rivero prefiere apostar por el patetismo y el catetismo de que nadie de fuera toque lo que cree que es de su propiedad. Sin embargo, él, que esperaba como agua de mayo una catástrofe ecológica para vender el discurso del victimismo y lanzarle misiles de chapapote a Soria y Repsol, ahora se ha visto con el fuel en aguas próximas a Canarias y ahí no hay ministro de Industria que tenga culpa alguna.

Y, sinceramente, que nadie me quiera coger el rábano por las hojas, me alegro de lo que le ha pasado a Paulino Rivero porque a una compañía como Repsol la ha tratado como si fuese una sucursal de la mafia o del hampa más siniestra, mientras que día a día atraviesan las aguas oceánicas del Atlántico decenas de barcos de estas características que pueden causar daños irreparables como ha quedado constatado en esta oportunidad. Pero eso a Rivero le da igual. A él le interesaba soltar la soflama contra el PP, contra Repsol y contra todo aquello que pudiese quitarle visibilidad a la hora del reparto de méritos.

Si hubiese sido por seguridad de nuestras costas, hace tiempo que tendría que haber reclamado que ningún buque de esas características navegase por aguas del Archipiélago. Él lo que quería era ponerle la zancadilla a un adversario político y vio en Repsol la oportunidad de oro de crecerse como un Napoleón y acabar aplaudido por un pueblo que no tendría más remedio que erigirle una estatua en la plaza de la basílica de La Candelaria entre los menceyes Bencomo y Beneharo.

Artículo publicado originariamente en ABC Canarias

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