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Desde mi escaño

Algún Ciudadano Bueno

¡Qué pena, Ciudadanos, qué pena! El partido de Albert Rivera en provincias empieza a ser poco menos que una especie de la Casa de Tócame Roque donde no hay control alguno sobre quién entra y quién sale. Hace ya algunos meses, antes de las elecciones municipales del 24 de mayo de 2015, un buen amigo y viejo conocido de la política santacrucera me aseguraba que en Ciudadanos en Tenerife estaban entrando muchos arribistas, gente con cero ganas de trabajar por el partido y por la ciudadanía, pero sí muchas ansias de tocar poder. El diagnóstico, como buen galeno que es, fue más que acertado y hoy el partido se desgaja en varios fragmentos y aquello no parece que pueda haber quien lo recomponga.
 
Uno de los que ha salido de la formación naranja es un buen amigo, Javier Bueno, un apellido que no le hace los honores exactos porque en él es todo la excelencia supina. Es una de las personas más cabales, profesionales y fieles a más no poder. Él no entró en Ciudadanos por ansia de pillar carguito alguno. Él creía en un proyecto estable de a futuro y, desgraciadamente, se ha topado con la indecencia y canallada de cuatro sujetos que han tomado el partido al asalto porque, a todas estas, el señor Rivera no es Dios omnipotente y, por tanto, no se entera de los quilombos que se le montan más allá de Cataluña o Madrid.
 
Javier Bueno ha decidido dar un paso al costado y retirarse de un partido que empieza a tener los mismos tics autoritarios que las formaciones emergentes. Aquí funciona el ordeno y mando y quien alce la voz más de lo necesario, se le calla la boquita directamente o se le invita a salir por la puerta chica. Bueno, antes de que le pongan el esparadrapo de la censura o le indiquen la flecha de salida, ha sido quien ha cogido el petate y les ha dicho claramente: ¡ahí os quedáis, chavales!
 
Bueno seguirá ganándose la vida como uno de los procuradores más brillantes de la judicatura local, mientras los mediocres que se quedan mangoneando a sus anchas en el proyecto de Ciudadanos habrán conseguido el propósito indecente de ahuyentar a los votantes que habían confiado en esta fuerza para, o bien volver a depositar su papeleta a favor de los partidos de siempre o bien a quedarse en casa asqueados de que cuatro alquimistas de medio pelo hayan engañado de esta manera tan aviesa.
 
La diferencia es que mientras Bueno ya tenía su vida resuelta, muchos de estos vendedores de humo se las van a ver y desear para poder colocarse el día que terminen de volar por los aires el partido de Rivera en Tenerife. ¡Qué razón tenías, doctor!

Artículo publicado en ABC Canarias

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