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El negocio de Mapfre con el accidente aéreo del JK5022 de Spanair

“Un accidente aéreo en España es un negocio para una compañía de seguros”. La frase es de Pilar Vera, presidenta de la asociación de afectados del vuelo JK5022 de Spanair, y desde luego razón no le falta a esta buena mujer que, siete años después, sigue luchando denodadamente donde sea con tal de que se cierre como Dios manda la terrible tragedia que se llevó por delante a 154 personas, su sobrina entre ellas.

Desgraciadamente, vamos a cerrar el año 2015 y los afectados por este accidente de aviación sigue luchando por lo que entienden que es justo, que lo que no puede hacerse, como ha hecho Mapfre, es empeñarse en equiparar la caída de una aeronave en la que iban 172 personas a un siniestro de tráfico. Sí, podrán contar milongas desde la aseguradora, que si tienen unas tablas que así lo atestiguan y que no pueden hacer otra cosa, pero la verdad es que sólo estas cosas pasan en España.

No hay que irse muy lejos, sólo a la vecina Francia, para fijarse en detalle como su compañía de bandera, Air France, solucionó el accidente del vuelo que unía París con Río de Janeiro. Sobre la marcha, a los familiares de los fallecidos, se les daba un millón de euros por cabeza y se agilizaron todos los trámites judiciales para que las familias no sufrieran un trauma mayor. Aquí no. Aquí la aseguradora te viene con un ejército de abogados venidos desde el Reino Unido con la misión exclusiva de que los afectados no se suban a la parra y que cobren sólo una quinta parte de lo que en condiciones normales debería de estar estipulado. Y eso por no hablar de técnicas y tácticas reprobables presionando a las víctimas para que acepten un acuerdo de mínimos.

Por eso, que Pilar Vera siga siendo esa voz disconforme con el maltrato hacia las víctimas del JK5022 resulta todo un logro en un país donde algunas empresas se creen que pueden comprarlo todo, incluso el silencio, a cambio de dinero o disponiendo de una legión de picapleitos capaces de aburrir al más pintado. Vera no es así. Seguramente desde hace mucho tiempo podría haber vivido mejor (ya entienden ustedes a lo que me refiero), pero ni su conciencia se lo permite y mucho menos la sobrina que iba en ese avión un fatídico 20 de agosto de 2008 donde para 154 ocupantes fue el fin de sus vidas y para los que sobrevivieron y sus familiares el comienzo de una pesadilla que aún no ha acabado y que parece que no tiene visos de finalizar en un corto plazo. Claro, sale más rentable pagar a Rafa Nadal que a los familiares de 154 fallecidos. ¡Qué papo!

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