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Desde mi escaño

Benítez se comió el turrón, pero no el roscón

Rafa Benítez ya es historia en el Real Madrid. El empate ante el Valencia (2-2) fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de no se sabe quién, pero que le sirve al presidente del conjunto merengue como parapeto ideal para evitar las críticas de la grada, algo que, por otra parte, le resbala bastante a Florentino Pérez porque sabe que no está sometido al referendo de la afición. Ahora, para ser mandatario del club blanco hay que cumplir con una serie de requisitos, entre ellos el aportar cerca una verdadera burrada de millones de euros avalados de un patrimonio personal.

Será Zidane, por el momento, quien ocupe el puesto de Benítez en el banquillo del Real Madrid. Y digo de momento porque habrá que ver si, en primer lugar, se trata de un técnico maduro y hecho para llevar las riendas de la primera plantilla y, en segundo lugar, porque los resultados pueden condenarle antes de tiempo.

Sin Copa del Rey que llevarse a la boca, la entidad madridista dispone como de mes y medio para centrarse única y exclusivamente en la Liga antes de que llegue la Champions. A nadie se le esconde que si en estas seis-siete semanas el equipo no remonta el vuelo en la Liga, Zidane pasará, no lo duden, a mejor vida y el hierático Florentino Pérez tirará de agenda para sorprender con la llegada de un entrenador sorpresa que logre que el plantel no se desconecte al menos de la competición europea.

Ahora bien, lo que se le ha hecho a Benítez es una faena en toda regla, una auténtica perversidad desde que puso los pies en el palco VIP del Santiago Bernabéu para ser presentado. Nunca se creyó en su proyecto y ahí están las consecuencias. Es más, hay quien sostiene que Florentino Pérez quiso echarlo después del 0-4 ante el Barça, pero como el presidente es así de retorcido, fue leer en la prensa que iba a cortarle la cabeza, metafóricamente hablando, claro, y acabó dando una conferencia ante los medios para dejar a estos por mentirosos y desestabilizadores.

Fíjense si mentía el mandatario que aseguraba tener fe ciega en Benítez y apenas mes y medio después lo pone de patitas en la calle. Ahora sólo le falta acusarle de ser el responsable de la eliminación administrativa del Real Madrid en la Copa del Rey. Y como pueda hacerlo, tampoco les quepa la menor duda de que lo hará. Al menos Benítez se ha podido comer el turrón, pero no el roscón.

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