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Garbiñe Muguruza: galbana caribeña en estado puro

Le ha salido la herencia genética del Caribe profundo, la pachorra por arrobas, el no querer esforzarse cuando las cosas le vienen mal dadas. Es lo que pasa con las personas de esas latitudes, que están acostumbradas a la galbana más radical y creen que su talento viene por algo meramente natural, como si el éxito no se consiguiera por el esfuerzo diario, por echarle arrestos cuando peor se ponen las cosas. Rendirse, tirar la toalla y dejarse llevar por la corriente es propio de gente con pocas ganas de curtirse en el sufrimiento, máxime cuando encima han tenido la suerte de arrancar su carrera deportiva en la cresta de la ola. Pero el deporte, como cualquier ámbito de la vida, también tiene vaguadas y es ahí, en el pozo del fracaso y de los reveses, donde cualquier ser humano con un poco de amor propio trata de salir echándole huevos u ovarios.

Pero la deportista que aquí les traigo a colación ha demostrado no sólo tener en su ADN la vagancia congénita del caribeño vago, sino que encima demuestra una mala educación y una falta de respeto acojonante. Me estoy refiriendo a la tenista hispano-venezolana Garbiñe Muguruza, una joven que creyó que por llegar a una final en Wimbledon en 2015 ya iba a ser poco menos que alguien intocable y que iba a poder hacer lo que le viniese en gana.

Pues bien, esta malcriada mostró sus escasas ganas de esforzarse cuando los partidos no le van a su favor con una escena propia de una criaja de tres años, una rabieta intolerable en la que es número tres del mundo de la clasificación del tenis femenino, cuando el duelo ante McHale en Indian Wells iba con su set a favor de la norteamericana y el segundo con un contundente 3-0. Ahí, la tenista hispano-venezolana decidió que ya estaba bien de humillación sobre la pista y empezó a hacer ostensibles gestos de no querer seguir jugando, que era imposible remontar. Eso sí, a los espectadores, que se habrían dejado una buena pasta para ver el partido, que les fuesen dando, ¿verdad?

Muguruza, que ya tuvo hace unas pocas semanas otra bronca con su entrenador al decirle que él no iba a decirle a estas alturas como jugar, se ha subido a la palmera caribeña de la prepotencia, de la vagancia congénita, nada que ver, por ejemplo con nuestro Rafa Nadal, un tenista que lo ha sido todo y que jamás ha alegado motivos absurdos como los de esta niñata para retirarse de una pista de tiempo. Por mí, que se la lleven de vuelta los venezolanos y que represente a su país. A mí, desde luego, no me representa una tipa vaga, prepotente, malencarada y que desprecia a los aficionados que han pagado para verla jugar y no para hacer el mamarracho.

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