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Desde mi escaño

El circo del Día del Orgullo Gay

Harto todos los años del mismo Carnaval en Madrid por estas mismas fechas de finales de junio o principios de julio. Sí, señores, me refiero a la intolerable fiesta del Orgullo Gay, como si por perpetrar una mamarrachada de ese calibre se defendiesen mejor los derechos de las personas homosexuales. Craso error. El despelote sin mayor miramiento, el mostrar los atributos al aire y ante cientos de miles de personas, niños incluidos, no creo que tenga nada que ver con la defensa del colectivo gay. Todo lo contrario, daña su imagen y de qué manera.

Son muchos homosexuales en este país los que ven con verdadero asco esta festividad porque entienden que no les representa. Ellos sólo quieren que se establezca una normalidad, que nadie se sorprenda si dos hombres o dos mujeres van cogidos de la mano en plena vía pública, pero de resto entienden que no van por la vida, ya sea en su ámbito privado o laboral, anteponiendo su condición sexual como condición para obtener vayan ustedes a saber qué tipo de beneficios.

No conozco a nadie todavía que haya ido a buscar un trabajo o a pedir una hipoteca y sus primeras palabras sean decirle al director: “Señor, soy homosexual”. Pues como si es usted de Corea del Sur. Aquí lo que se pide, en función del contexto, es que usted demuestre que es un acreditado profesional o que tenga fondos para responder ante el crédito que va a solicitar. Lo que usted quiera hacer en su esfera más íntima sólo le compete a usted y nada más que a usted.

Pero en España hemos convertido esto en una fanfarria, en una intolerable farsa donde parece que gana el que más enseña. Que todo un presentador como Jorge Javier Vázquez haya perpetrado shows en Chueca despelotándose como si no hubiese un mañana no supone una mejor defensa de los derechos de los gays y muchos, insisto, están hartos de una fiesta donde realmente consideran que se les ridiculiza y se ofrece de ellos un estereotipo de bocazas y de adictos al sexo, cuando realmente son personas como usted o como yo, que hacen de su sexualidad algo bonito y, sobre todo, discreto.

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