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El vídeo porno de los dos jugadores del Eibar: los riesgos de grabar toda tu vida

¿En qué clase de sociedad nos hemos convertido? La tecnología, que tanto puede ayudarnos en nuestro día a día, está siendo utilizada de manera aviesa, torticera y, sobre todo, muy peligrosa. Hay quien ya no puede vivir ni dos segundos retransmitiendo on line su vida, como si a los demás eso nos pudiera interesar lo más mínimo.

Todos tenemos algún amigo o conocido que tiene la pésima costumbre de etiquetarte en 20.000 historias que no te incumben lo más mínimo. A mí me parece fantástico que fulanito o menganito estén con sus respectivas parejas en una paradisíaca playa y que, si así lo quieren, suban tiempo después alguna foto. Pero es que los hay que tienen que estar llenándote tus redes sociales en fotos donde sales mencionado en tiempo real y máxime ahora que Facebook, por ejemplo, ha implementado esa herramienta tipo Periscope para emitir en directo.

Pero esto, con ser una pesadez y convertirse en una amenaza real de acabar enfadándote con tu amigo por pesado, se queda en pañales con lo que han hecho los dos jugadores del Eibar y el famoso vídeo porno. No creo que a estas alturas precisen que les detalle lo que se ve en el mismo. Baste decir y preguntarse a la vez lo siguiente: ¿Es posible que cause más satisfacción y más placer el grabar un acto sexual que el disfrutar del mismo?

Insisto, sigo sin entender como alguien que en ese momento debe de tener los cinco sentidos concentrados en algo tan sensacional, tan maravilloso e indescriptible, prefiere gozar más dejando testimonio del momento y, por supuesto, enviándoselo luego a los amiguetes para fanfarronear abiertamente, sin tener además en consideración que hay una tercera persona, la chica, que no tiene ni arte ni parte y encima había pedido que los muy marquesinas no grabasen. Les dio exactamente igual y ahora se enfrentan a una posible pena de cárcel y a una cuantiosa indemnización.

Y como España es como es, ya habrá alguien que tache a la chica de ser, por decirlo finamente, ligerita de cascos. Señores, no seamos hipócritas ni cainitas. Esa joven tiene todo el derecho del mundo a disfrutar como quiera de su sexualidad y si puede con dos tipos a la vez, pues mejor para ella. A quienes hay que poner en su sitio es a estos dos jugadores del Eibar, Sergio Enrich y Antonio Luna que, como bien dicen Carlos Herrera y Eduardo Inda, "entre ambos no juntan media neurona". Yo creo, incluso, que exageran. Igual no llegan ni al cuarto de neurona.

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