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Alsasua o cómo ETA sigue 'matando'

ETA dejó de matar físicamente, pero sigue ejerciendo una violencia invisible. Sí, lo sucedido hace sólo unos días en el pueblo navarro de Alsasua deja bien a las claras que los violentos nunca han hecho una renuncia expresa a sus métodos más coercitivos y matoniles. Ver delante de ellos a dos guardia civiles es como para un león de la sabana una gacela, piezas de caza imprescindibles para su supervivencia.

Pero casi peor que la agresión física y verbal es aquella que viene con posterioridad, la de esa parte del pueblo que, acongojada, opta por posicionarse con los radicales, con los autores de la brutal paliza a esos agentes y sus novias. Porque claro, debe ser muy ’equitativo’ para esa chusma batasuna medirse 50 contra 4. Medio centenar de abertzales contra dos guardias civiles y sus parejas. ’¡Qué valientes!’

La culpa, no obstante, la han tenido los políticos navarros al dejarse colonizar por el extremismo vasco. ¿Desde cuándo podían pensar estos herederos de Sabino Arana que la ikurriña iba a formar parte de la oficialidad en la Comunidad Foral de Navarra? El buen habitante de esta tierra nada quiere saber con los violentos que provienen de Euskadi, pero muchos, desgraciadamente, han tenido que adoptar un forzoso silencio o hacer el petate y dejar esta bendita tierra porque Sortu, Bildu o un perfecto sucedáneo como Geroa Bai se les ha incrustado como esa grasa imposible de quitar ni frotando con el mejor lavavajillas.

Así que nada, que para que la paz sea posible en Alsasua y otros municipios de Navarra no queda otra que provocar la salida de la Benemérita porque, según el diabólico razonamiento de estos sujetos, son los hombres de verde los que provocan, los que crean crispación y los que no dejan vivir tranquilamente al resto de la humanidad, entendida y limitada ésta a los herederos de la kale borroka. Pero claro, esto pasa por lo que pasa. Con un Gobierno español que no cobardease en tablas, a estos elementos que van de machotes por la vida ya se les habría dado para el pelo y, de paso, que hubiesen tenido tiempo de reflexionar entre barrotes.

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