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Los 'refinados' modales de Podemos: "Inda, hijo de puta, te voy a escupir"

Las nuevas formas en política son las de amenazar a un periodista con propinarle un soberano escupitajo en plena cara y gritarle a la par un insulto donde se menta a la madre como si ésta ejerciera el oficio más viejo del mundo. La escena ya es conocida por todos ustedes. La muy pizpireta de Carolina Bescansa, responsable de Análisis y Estudios Políticos de Podemos, le espetó hace unos días en los camerinos de laSexta un tremebundo “te voy a escupir, hijo de puta” al director del digital OkDiario, Eduardo Inda, por el único hecho de que éste en el debate desveló un dato profesional del padre de la podemita después de que ésta insistiera en varias ocasiones en sacar en ‘laSexta Noche’ que el periodista había sido condenado por no pagar la pensión de los hijos a una multa de 13.000 euros.

El dato que hizo ponerse a Bescansa como el bicho del pantano no fue otro que el de exponer ante la opinión pública que el padre de esta política había sido condenado por negligencia médica al morírse una paciente en su mesa de operaciones porque al mismo tiempo que estaba con esa chica estaba atendiendo a otras dos mujeres mes. La relación estaba clara: tú me das la lata con lo del impago de la pensión, yo te saco ese punto oscuro y así estamos empatados a zarpazos y a ruindades personales.

Pero, más allá de todo este auténtico circo de dimes y diretes, lo que me preocupa en esencia es que la política la están convirtiendo algunos en una auténtica máquina del fango, un terreno pantanoso en el que adentrarse en la misma, según la filiación periodística que tengas, se vuelva una trampa mortal. A los podemitas, y esto es ya muy manido, les gusta periodistas que escriban al dictado y a los que se rebelan, legión de trolls que lanzan para forzarle a que cese en ese propósito de pensar por sí mismo.

Hace ya tres años tuve la ocasión de participar en un debate en La Tuerka, moderado por ese ejemplo del sectarismo llamado Juan Carlos Monedero, y entre los temas tratados fue despellejar a Mercadona y a Juan Roig. Allí no estaba Évole, pero tenía a un sindicalista y a una elementa de Attac (o como se llame ese grupito) y lo de tratar de confrontar ideas fue poco menos que una utopía.

Allí, resueltamente, me tildaron de facha, esclavista y vendido a la patronal por hablar bien de esos supermercados. Lo que desconocía en ese momento es que los cámaras e iluminadores que estaban grabando el programa no estaban percibiendo ni 20 euros por programa. Pero claro, los explotadores son los que generan empleo a razón de 1.300 euros mensuales netos. De milagro, esos podemitas no me mentaron a la madre ni amagaron con escupirme. Pero mejor no tentar la suerte, sin duda.

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