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Desde mi escaño

El papelón de Alberto Martín, el letrado del padre de Nadia

Si hay en esta vida una profesión que jamás me gustaría ejercer sería la de abogado. Considero que es, de lejos, uno de los trabajos que peor pagado está máxime cuando tienes que defender al culpable o supuesto culpable.

Me vienen a la cabeza los casos del pederasta de Ciudad Lineal, el organizador de la mortal fiesta del Madrid Arena del 31 de octubre de 2012, el de José Bretón tras asesinar a sus dos críos y, sobre todo, el caso del padre de Nadia, Fernando Blanco, un sujeto que se aprovechó de la enfermedad de su hija para realizar un proceloso negocio.

De verdad, créanme que lo siento mucho por Alberto Martín, el letrado que representa a este elemento. Este profesional de la abogacía tiene ante sí un papelón difícil, posiblemente uno de los más complicados de su carrera, tener que demostrar que no hubo mala fe ni conducta dolosa en su patrocinado, que en realidad nunca quiso dañar a su pequeña ni su objetivo era el de enriquecerse a costa de la extraña dolencia de su niña. Lo dicho, un trabajo pésimamente recompensado, sobre todo porque siempre habrá quien apele al desprestigio que supone defender a un delincuente a sabiendas.

Es verdad que en España todo el mundo tiene derecho a la defensa, aunque se puede ser el criminal más execrable, pero evidentemente también hay abogados que pueden perfectamente renunciar a una defensa. A malas, siempre habrá un turno de oficio o alguien ‘obligado’ a ejercer ese marrón para intentar conseguir la menor pena posible. Aunque siempre hay letrados que, haciendo un auténtico ejercicio de prestidigitación logran los mejores resultados para sus clientes. Esperemos que no sea así con el caso del padre de Nadia.

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