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Desde mi escaño

Y Jorge Javier Vázquez se acongojó

¿Saben ustedes cómo se puede medir el nivel de chulería de cualquier persona? Muy sencillo, desde el mismo momento en que a alguien se le diga que como prosiga con su intento de contar datos íntimos y personales de alguien en público, lo siguiente que se va a encontrar va a ser una rica demandita, tanto al autor del chismorreo como al medio que sustente al individuo en cuestión.

Si el poseedor de la información sensible continúa con su propósito, pese a la advertencia judicial, entonces será un chulo con todas las letras y todas las consecuencias. Sin embargo, si éste se achanta por mor de los riesgos que entrañe contar algo delicado en una televisión, a pesar de haber cacareado como un papagayo los días previos que él no tenía miedo alguno y que tampoco debía consultar a abogado a alguno para soltar la supuesta bomba, entonces convendremos en afirmar que estamos ante un chuleta de cartón piedra, frente a un elemento impostado que cree que puede tirar la piedra y que la pedrada no encierre consecuencias posteriores.

A este tipo de individuos pertenece Jorge Javier Vázquez, un genio en lo que a espectáculo televisivo se refiere, alguien que hasta la fecha ha sabido detectar con un fino olfato lo que funciona y no en la pequeña pantalla, pero que su multiactividad le ha hecho perder un poco el oremus y creerse poco menos que esto tiene que ser una dicotomía, o él o el caos. J.J. Vázquez será un excelso presentador en su parcela, pero evidentemente no es Dios y no está libre de equivocaciones y meteduras de pata.

Y uno de esos errores fue creer que podría soltar un jugoso chismorreo legal sobre el testamento de Paquirri, el marido de Isabel Pantoja fallecido en 1984 en una brutal cogida en la plaza de toros de Pozoblanco, en Córdoba. En cuanto el periodista anunció su propósito, rápidamente la artista con su abogado se puso manos a la obra y planteó un envite de los de órdago a la grande. Si contaba algo sobre aspecto, demandita millonaria contra el presentador y la cadena que lo sustentara, es decir Telecinco. Huelga decir que bien por propia voluntad o porque en el canal le dijeron que rebajara el tono, lo cierto es que de momento J.J. Vázquez no ha dicho esta boquita es mía. Y es que ya se sabe, en boca cerrada no entran ni moscas ni demandas millonarias.

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