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Día 2 del Camino de Santiago Portugués: de Redondela a Caldas de Reis

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Segunda jornada del Camino de Santiago Portugués, de Redondela a Caldas de Reis, día maratoniano, con 42 kilómetros por delante y con 'sorpresa' al dejar el Hostal Antolín. Pese a dejar dicho que dejaba el alojamiento sobre las 5.15 de la mañana cuál no sería mi sorpresa cuando compruebo con verdadero estupor que la puerta de salida estaba cerrada con llave. No habían dejado una copia de la misma e igualmente el acceso por la cafetería se encontraba en idénticas circunstancias. 


Después de llamar repetidamente al móvil de la gerente del establecimiento y que, por supuesto, no recibiese respuesta alguna, conseguí, no sin esfuerzo abrir la puerta principal quitando los cierres del techo y del suelo de la hoja secundaria y forzando para dentro y para fuera para poder tener el paso expedito. Eso sí, la 'gracia' fue empezar 40 minutos tarde y eso luego se fue notando a lo largo de la caminata.

Ya una vez puesto en camino, tocó empezar a sudar de manera considerable. La salida desde Redondela es de las que hacen calentar piernas y dos grandes cuestas ya pusieron a tono las piernas de los caminantes, así que no es de extrañar que el primer local abierto a tan tempranas horas, apenas pasadas las 7.30 de la mañana, en Arcade, ya estuviese repleto de peregrinos reclamando su café, su cola-cao y la tostada o bollería de rigor.

Y a Dios gracias que por estas benditas tierras gallegas te ponen excelentes cantidades porque lo que vino pasado Arcade es para vivirlo. Continuamos, eso sí, por una deliciosa bajada hasta dar con la ría y atravesar un precioso puente, pero a partir de ahí el camino se empinó sobremanera hasta llegar a los seis kilómetros finales que restaban para llegar a Pontevedra. Ocho kilómetros de subida que en algunos momentos se hacía, nunca mejor dicho, cuesta arriba. Y no crean que compensó el tramo último antes de llegar a la bonita capital pontevedresa porque la gran parte de ese tramo era sobre asfalto y en los últimos dos kilómetros compartiendo espacio con unos conductores que, válgame el cielo, pareciera que les daban puntos por llevarse a algún peregrino.

Ya en Pontevedra segundo desayuno para afrontar 23-24 kilómetros hasta alcanzar Caldas de Reis. El Camino atraviesa todo el casco histórico y lo bueno es que la señalización es sobresaliente, así que es imposible perder el rastro del sendero. Salvo alguna que otra subidita de no demasiada dureza, el camino pugnaba entre llanear y alguna que otra bajadita. Encima el día acompañó ya que gran parte de la jornada estuvo nublado.

Entre medias, parada para almorzar y tomar el café de rigor (aunque luego siempre en estas largas travesías se hace preciso parar una vez más, aunque sea por hacerle un favor a unos pies bastantes castigados con esa kilometrada. Y pasadas las cuatro de la tarde ya se avistaba señorial, pequeña, pero muy coqueta, Caldas de Reis, muy conocida por sus baños termales, muy demandados por los peregrinos después de una maratoniana jornada.

Y así, ya de vuelta en el Hotel Sena donde me aseverán y me recalcan que ellos nunca cierran la puerta de salida, amén de tener personal las 24 horas del día, lo cual da mucha tranquilidad y demuestra que hay conciencia con quienes hacemos el Camino de Santiago, que no madrugamos por gusto, sino por poder disfrutar de esa sensación tan inenarrable como es ver la primera luz del día, como el alba rompe y tiñe de colores hermosos el cielo gallego. Y mañana, a Santiago de Compostela, que es la recompensa de todos aquellos que empezamos el Camino.

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