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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2017.

Día 1 del Camino de Santiago Portuguéś: de Tui a Redondela

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Cuarto año de calzarse las botas y arrear una calcetinada con la mochila a cuestas. La llamada del Camino de Santiago engancha y la simple recompensa de presentarte en la Plaza del Obradoiro tras haber completado más de un centenar de kilómetros en tres días merece mucho la pena. 


En esta ocasión tocó la vertiente portuguesa que, según los entendidos es la segunda más utilizada por los peregrinos tras la tradicional ruta del Camino Francés. De hecho, aunque partí desde Tui, se puede arrancar en Lisboa o en Oporto. Precisamente, los primeros caminantes del día que encontré eran portugueses y luego también algunos italianos. Luego, poco a poco, según se quedaban los kilómetros detrás, ya ibas topándote con peregrinos de diferentes puntos de España.


Como manda la tradición, apenas unos minutos después de las cinco de la mañana había que levantarse del primer alojamiento, en Cruceiro do Monte para bajar al casco histórico de Tui y encontrar el Camino propiamente dicho. A buen ritmo y con un fresquito que invitaba a caminar a buen ritmo, la primera parada obligatoria llegaría después de dos horas y media, un buen desayuno para reponer fuerzas antes de llegar a O Porriño, donde la gran mayoría de caminantes hacen parada y fonda.

Allí, después de tomar un segundo refrigerio, segunda parte del recorrido, ya con algo más de calor y con un par de 'sorpresitas' a modo de cuestas más que empinadas que, riánse ustedes, harían sufrir a algún que otro avezado escalador del Tour de Francia. Por supuesto, ese esfuerzo había que compensarlo de alguna manera haciendo otro descansito en uno de estos entrañables bares a pie del Camino. En este caso, en el concello de Mos.

Y desde ahí, nueva subidita hasta ya alcanzar el destino previsto en esta primera jornada, Redondela y, más en concreto hasta la Ría de Vigo para quedar alojado en el Hostal Antolín con una vista espectacular de esta Galicia marina y además con un sol y una brisa que devolvían a modo de recompensa el esfuerzo de hoy y de paso renovar fuerzas para la jornada del 2 de agosto de 2017, hasta Caldas de Reis tras algo más de 40 kilómetros.

01/08/2017 20:07 Juan Antonio Alonso Velarde Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Día 2 del Camino de Santiago Portugués: de Redondela a Caldas de Reis

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Segunda jornada del Camino de Santiago Portugués, de Redondela a Caldas de Reis, día maratoniano, con 42 kilómetros por delante y con 'sorpresa' al dejar el Hostal Antolín. Pese a dejar dicho que dejaba el alojamiento sobre las 5.15 de la mañana cuál no sería mi sorpresa cuando compruebo con verdadero estupor que la puerta de salida estaba cerrada con llave. No habían dejado una copia de la misma e igualmente el acceso por la cafetería se encontraba en idénticas circunstancias. 


Después de llamar repetidamente al móvil de la gerente del establecimiento y que, por supuesto, no recibiese respuesta alguna, conseguí, no sin esfuerzo abrir la puerta principal quitando los cierres del techo y del suelo de la hoja secundaria y forzando para dentro y para fuera para poder tener el paso expedito. Eso sí, la 'gracia' fue empezar 40 minutos tarde y eso luego se fue notando a lo largo de la caminata.

Ya una vez puesto en camino, tocó empezar a sudar de manera considerable. La salida desde Redondela es de las que hacen calentar piernas y dos grandes cuestas ya pusieron a tono las piernas de los caminantes, así que no es de extrañar que el primer local abierto a tan tempranas horas, apenas pasadas las 7.30 de la mañana, en Arcade, ya estuviese repleto de peregrinos reclamando su café, su cola-cao y la tostada o bollería de rigor.

Y a Dios gracias que por estas benditas tierras gallegas te ponen excelentes cantidades porque lo que vino pasado Arcade es para vivirlo. Continuamos, eso sí, por una deliciosa bajada hasta dar con la ría y atravesar un precioso puente, pero a partir de ahí el camino se empinó sobremanera hasta llegar a los seis kilómetros finales que restaban para llegar a Pontevedra. Ocho kilómetros de subida que en algunos momentos se hacía, nunca mejor dicho, cuesta arriba. Y no crean que compensó el tramo último antes de llegar a la bonita capital pontevedresa porque la gran parte de ese tramo era sobre asfalto y en los últimos dos kilómetros compartiendo espacio con unos conductores que, válgame el cielo, pareciera que les daban puntos por llevarse a algún peregrino.

Ya en Pontevedra segundo desayuno para afrontar 23-24 kilómetros hasta alcanzar Caldas de Reis. El Camino atraviesa todo el casco histórico y lo bueno es que la señalización es sobresaliente, así que es imposible perder el rastro del sendero. Salvo alguna que otra subidita de no demasiada dureza, el camino pugnaba entre llanear y alguna que otra bajadita. Encima el día acompañó ya que gran parte de la jornada estuvo nublado.

Entre medias, parada para almorzar y tomar el café de rigor (aunque luego siempre en estas largas travesías se hace preciso parar una vez más, aunque sea por hacerle un favor a unos pies bastantes castigados con esa kilometrada. Y pasadas las cuatro de la tarde ya se avistaba señorial, pequeña, pero muy coqueta, Caldas de Reis, muy conocida por sus baños termales, muy demandados por los peregrinos después de una maratoniana jornada.

Y así, ya de vuelta en el Hotel Sena donde me aseverán y me recalcan que ellos nunca cierran la puerta de salida, amén de tener personal las 24 horas del día, lo cual da mucha tranquilidad y demuestra que hay conciencia con quienes hacemos el Camino de Santiago, que no madrugamos por gusto, sino por poder disfrutar de esa sensación tan inenarrable como es ver la primera luz del día, como el alba rompe y tiñe de colores hermosos el cielo gallego. Y mañana, a Santiago de Compostela, que es la recompensa de todos aquellos que empezamos el Camino.

02/08/2017 19:52 Juan Antonio Alonso Velarde Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


Día 3 del Camino de Santiago: de Caldas de Reis a Santiago de Compostela (y una sopresa)

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Tercer y último día del Camino de Santiago Portugués. De nuevo etapa por encima de los 40 kilómetros, desde Caldas de Reis hasta arribar a la capital gallega. A las cinco de la mañana tocó empezar a darle vidilla a las piernas y nada más salir, la primera sorpresa, una fina, pero pertinaz lluvia que nos acompañó durante las dos horas y media iniciales antes de la primera pausa de la jornada en el núcleo de Valga.

A partir de ahí, parón en seco de la llovizna y hasta Padrón, un camino básicamente descendente, el tiempo fresquito y nublado, el ideal para poder disfrutar plenamente de la ruta. Sin embargo, entre Padrón e Iria Flavia, la cuna de nuestro insigne Nobel en Literatura Camilo José Cela, el sol hizo su aparición y lo hizo con bastante intensidad, tanto que según te ibas aproximando a Santiago, el astro rey iba brillando con muchísima más rabia, como si pretendiese dejar a algún peregrino derretido en pleno trayecto.

De hecho, desde Iria Flavia, el camino iba yendo en una constante ascensión, a veces imperceptible, pero cuando la ruta coincidía con la Nacional 550, la que conduce a Santiago, esas largas e inclinadas rectas empezaban a hacer mella y a pasar factura. En esos momentos, amén de empezar a tirar mucho más de líquido que el resto del camino, también se empezaban a cotizar a precio de oro los tramos de sombra, incluso para poder echarse un descansito.

Pero lo 'mejor' estaba por llegar, justo a la entrada de Santiago de Compostela y luego a la hora de hacer el último trámite para recibir la Compostela. Llegando a Milladoiro sólo faltaban ya seis kilómetros y terminado este núcleo ya sólo quedaban apenas cinco. De repente, mazazo en la moral del caminante, un pequeño desvío provisional y, posiblemente, un error en quien puso los hitos, el caso es que donde debía poner 5 kilómetros pasamos nuevamente a casi 8 km ¿cosas del desvío? Pues esos tres kilómetros resultaron mortales de necesidad, básicamente porque a esas alturas, deseando como estás de llegar al Obradoiro es como si te dieran un tremendo empujón.

Superado este contratiempo, llegó el segundo ya en la Oficia de Recepción del Peregrino. Tras casi dos horas de cola, cuando llega mi turno me toca en 'suerte' a un purista del Camino de Santiago que, directamente, me espeta en mi cara que era imposible que yo hubiese completado a pie los 117 kilómetros entre Tui y Santiago de Compostela, que bien debía haber tomado algún medio alternativo para salvar tal distancia. 

Como en estos casos es mejor mantener la calma que cogerse un rebote (pero eso se lo sueltas a otro peregrino y la que te monta es parda), simplemente tiré de didáctica y le expliqué al ímprobo empleado que sería un poco absurdo por mi parte trampear porque, para empezar, no ejercí en ningún momento el derecho a quedarme en albergues a un precio simbólico o incluso gratis, que todas mis pernoctas fueron en hoteles y que además ya era la cuarta vez que hacía el Camino de Santiago. Al final se convenció y acabó por darme la Compostela, pero vamos que este Camino estuvo trufado de anécdotas y hasta última hora tenían que producirse.

Por lo demás, evidentemente, un placer inenarrable el llegar un año más a la Plaza del Obradoiro y disfrutar de una sensación tremenda. El hecho de poder arribar y contarlo es el mejor de los premios. Y aunque hoy el cuerpo está cansado, la mente ya empieza a pensar en la ruta para el año que viene. Mientras tanto, Bon Camiño.

04/08/2017 09:36 Juan Antonio Alonso Velarde Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Parador Nacional de Plasencia: cuando comer como un rey es posible y a precios extraordinarios

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¿Cuánto estaría usted dispuesto a pagar por comer en uno de los enclaves más bonitos y monumentales de esta nuestra España? Y no sólo el lugar, un viejo monasterio reconvertido en un alojamiento de lujo, sino también una cocina espectacular, con un trato amable, exquisito y donde se va a marchar con una sensación de haber realizado una de las mejores inversiones gastronómicas de su vida.

Me estoy refiriendo al imponente Parador Nacional de Plasencia, en la provincia de Cáceres, uno de los lugares más impactantes donde usted y los suyos podrán degustar de una cocina sin parangón y de unas instalaciones verdaderamente sorprendentes. Estamos hablando, qué duda cabe, de uno de los emplazamientos que la empresa pública Paradores Nacionales tiene dentro de su red, quizá superado, por lo que respecta a mi experiencia, por el que está enclavado en la Plaza del Obradoiro, en Santiago de Compostela.

Lo cierto es que el Parador de Plasencia sorprende desde el primer momento porque ha sabido aprovechar y respetar la esencia arquitectónica del viejo convento de Santo Domingo que amenazaba ruina y que ha sido restaurado conservando en la medida de lo posible su estructura. Incluso la propia zona de restaurante impone un silencio monacal y, pese a ser un domingo y estar de bote en bote, no se escuchaba una voz más alta que la otra. La única diferencia que, en vez de monjes, aquello estaba repleto de clientes del propio Parador y de turistas que aparecimos por allí para disfrutar de una experiencia gastronómica única.

Y es que, pese a la creencia de que comer en un Parador suele salir caro, el de Plasencia, al igual que otro, ofrece incluso en un domingo un atractivo y sugerente menú del día compuesto de un generoso entrante, un plato principal y postre. Fuera de ese menú están las bebidas y los cafés, pero aún así la factura no supera los 40 euros por comensal. Además, se obsequia a los visitantes con una copa de bienvenida y un aperitivo de temporada. Con hambre, se lo garantizo, no se levantan de la mesa.

El Parador Nacional de Plasencia se encuentra ubicado dentro de la zona amurallada, en la Plaza de San Nicolás. Para más información y reservas pueden llamar al 927 42 58 70 o bien consultar la web del propio establecimiento para ver, incluso, las instalaciones que ofrece a sus clientes.

15/08/2017 16:36 Juan Antonio Alonso Velarde Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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