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Desde mi escaño

Un bufón en Chamartín

Un bufón en Chamartín

Si fuese socio del Real Madrid, hace mucho tiempo que le habría escrito una carta a Florentino Pérez pidiéndole que le diese la boleta a José Mourinho. El técnico luso está convirtiendo un club señero en la casa del tócame roque, en el disparate continuo, en hacer y deshacer a su antojo hasta el punto de que sus ínfulas de dictador se parecen más a las del mítico Chaplin que a las de un entrenador que busca imponer la disciplina. Su rigurosidad es tan patética que acaba conduciendo a la risión más absoluta y la prueba la pudieron ver hace unos días en el partido frente al Atlético de Madrid.

El preparador de Setúbal lleva un tiempo lanzando mensajitos con carga de profundidad que, hasta el momento, no han sido entendidos o no han querido serlo, mejor dicho, por la cúpula merengue. Florentino, de momento, está satisfecho con lo conseguido, tres títulos (todos nacionales, Copa, Liga y Supercopa), pero ansía la décima y todo lo fía a la baraca del portugués con esta competición. Prácticamente, siempre asegura llegar a semifinales e incluso las dos veces que alzó el gran trofeo lo hizo siendo segundo en la fase regular con el Oporto y con el Inter de Milán.

Sin embargo, en la planta noble de Chamartín asustó ver la bufonada del sábado 1 de diciembre cuando este personaje se planta en la banda, a 40 minutos de un partido vital ante el Atlético de Madrid y sale allí para recibir, bien una pitada, bien una ovación. Por suerte (o por desgracia) ni 5.000 aficionados aguardaban por el numerito extra antes de que el balón comenzase a rodar. En cualquier entidad esto sería de despido fulminante porque, para empezar, que es eso de que el preparador ‘obligue’ a la grada a cargar las iras contra él. El aficionado madridista es lo suficientemente inteligente como para discernir quién merece ser abroncado. No hace falta que venga un lusitano a reiventar esto que se llama fútbol.

Tengo por buena la teoría de que Mou busca salir del Madrid, pero no en junio, sino ya. Con la Liga casi perdida, la Champions es el gran título a perseguir, pero no menos cierto es que una mala tarde te arruina todo y el cuadro merengue, con todo de cara hace medio año ante el Bayern de Munich acabó tirando todo por la borda (y por encima del larguero). Quizá para el portugués sea más práctico provocar un encontronazo con los hombres de Florentino y empezar a planificar su nuevo futuro, seguramente en Inglaterra, de donde luego acabará por cansarse porque si algo caracteriza a este tipo malencarado es la especialidad de tener siempre cara de amargado y de chupar limones a toneladas.

1 comentario

Lewis Rogers -

Mou es Mou y el fútbol es otra cosa. Lo que se ha visto en España de este personaje es que se trata de un entrenador conservador que todo lo basa en que no le metan ningún gol, porque así si su equipo tiene la fortuna de marcar, ya ha ganado. Ese es el estilo del portugués y por eso mira más hacia atrás que hacia delante. Pepe y Casillas son sus hombres de emergencia, pero el mejor portero del mudo no se presta a los juegos del luso y de ahí que haya tenido alguna que otra discusión. Quien es incuestionable es Ronaldo, jugador que lo tiene todo pero que es más vago que la chaqueta de un guardia, de los antiguos, que ya los guardias ni tienen chaqueta por aquello de la crisis. Mou está ya muy maleado, como técnico, y es normal porque pasar por la liga inglesa, luego la italiana y al final la española es como para tener muchos esquemas distintos en la cabeza. Él sabe que lo único que le salva es no perder y de ahí que sea tan quisquilloso en sus planteamientos defensivos. Tenía razón y mucha Segurola al indicar que el Madrid parece en muchas ocasiones el Birminghan. Al equipo británico no le queda otro remedio por los jugadores que posee, pero el Madrid es otra cosa que un señor llamado Mouriño ha moldeado a su imagen y semejanza. Eso sí con la complacencia de toda la cúpula blanca, tanto de directivos como de técnicos.