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Orenga se va y el samurai de Saitama se queda

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El ya ex seleccionador español de baloncesto, Juan Antonio Orenga, ha tenido más vergüenza torera que su presidente, el tal José Luis Sáez, el mandarín de Saitama, y presentó hace unos días su dimisión al frente del conjunto nacional tras el varapalo sufrido en el campeonato del Mundo celebrado en nuestro país y que nos hizo despedirnos de nuestra propia fiesta ante Francia.

Cierto es que el técnico podría haber presentado la renuncia la misma noche de autos o dos días después en rueda de prensa, pero entiendo que esperó a ver si veía un gesto de renuncia del máximo directivo cestista. Pero éste, muy pillo él, se quedó apoltronado y en busca ya del enésimo inquilino de un banquillo que pinta muy feo, sobre todo porque la plaza para clasificarse para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro se ha puesto más cara que un kilo de lubina en vísperas de Navidad.

Evidentemente, tal y como escribía hace unos días, Orenga no es el único o el máximo responsable de la hecatombe de nuestra Selección de baloncesto. Las decisiones erradas emanan desde arriba. En 2007, con la pérdida de la final del Eurobasket ante Rusia, el samurai Sáez se dedicó a decapitar a todo aquel que no estaba en su onda y al primero que cogió por banda fue a Pepu Hernández, al que cogió ojeriza por decirle simplemente lo que eran verdades como puños, que ya estaba bien de fastidiar (por no decir la palabra que empieza por jota) la preparación del europeo con compromisos publicitarios a destiempo. A partir de ahí pasaron Reneses, que duró apenas dos meses ejerciendo en el cargo, lo suficiente para colgarse la medalla de plata en Pekín y marcharse a entrenar a la ACB y Sergio Scariolo, que duró cuatro años sumando dos oros europeos y una plata olímpica.

Ahora, el samuraicito de Saitama venderá humo, tratará de enganchar a un técnico de campanillas para la ocasión y, si sale cara, se colgará el mérito de haber metido a España en la cita de Río de Janeiro en 2016; y, si sale cruz, le colgará el sambenito al primero que pase, por ejemplo al propio Orenga. No me extrañaría que lo hiciera. Estamos hablado de un personaje tan desahogado que días antes, en esa rueda de prensa con el ya ex seleccionador, aseguraba que Orenga estaba capacitado para sacar el máximo partido a la Selección. Si este sujeto tuviese más de una neurona, acto seguido se habría reído de su propia parida, pero como sólo tiene una y además bastante desgastada…..pues sólo le da para elogiar a los que ya no están y seguir él perfectamente instalado en su despacho de caoba y sillón con cuero de ante.

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