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Periodismo: diagnóstico asesinato

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Decir que nuestra profesión periodística no atraviesa precisamente por los mejores momentos no es que sea una obviedad o un lugar común. Es una realidad tan cruda como puede ser la primavera en plena Antártida. Aquí ya no vale el hecho de que seas un profesional como la copa de un pino o que te dejes los cuernos en jornadas maratonianas por llegar a capturar la noticia o que curres el día de Navidad o de Año Nuevo.

Nada, cualquier esfuerzo, por ímprobo que sea, no merece la más mínima mueca de reconocimiento por parte de quienes llevan las riendas de una gran empresa. La gente que tienen a su cargo recibe exactamente el mismo trato que los equipos informáticos que tienen en las oficinas. Los encienden y apagan a su entera conveniencia.

Escribo esto porque hace sólo un par de semanas que el centenario y veterano diario ABC ha procedido a su enésimo recorte de gastos (esta gente de Bieito Rubido sólo ve gastos, nunca un acreditado trabajo profesional) que vuelve a afectar a compañeros nuestros en Canarias. Ya habían sufrido un varapalo hace menos de un año cuando se optó por dejar a las Islas sin la versión en papel de ABC y que las informaciones propias de la tierra sólo pudieran ser leídas por los suscriptores de Youkioske, la plataforma de Internet para acceder a contenidos extras amén de lo que ofrece el papel.

Ahora, en un paso más de la estulticia que caracteriza al equipo de Rubido, han optado por cargarse también la edición canaria en Youkioske. Eso conlleva que ya sólo mantiene la web y como no es necesaria tanta gente mandan a la calle a dos redactores, Mercedes, en Gran Canaria, y Moisés, en Tenerife, amén de una responsable de publicidad. Dejan, por el momento, y recalco lo de ‘por el momento’ al delegado, a Bernardo Sagastume, para hacerse cargo de la edición digital y de mandar piezas que puedan interesar a nivel nacional.

Puedo dar fe del denodado trabajo de mis compañeros de ABC donde he colaborado con una columna semanal desde el año 2010, es decir más de un lustro pontificando sobre lo divino y lo humano, y me parece de todo punto una insensibilidad de unos responsables en Madrid que sólo buscan el beneficio máximo a cambio de recortar de todos los lados y sin importarles nada la situación en la que pueden quedar tres personas en Canarias y otras tantas y más en otros puntos de la geografía española.

Quizá yerre en mis previsiones, pero no sé por qué me da la sensación de que viendo como funciona el percal en determinadas empresas, todos, más pronto o más tarde, acabaremos siendo autónomos, haciendo periodismo social y ciudadanos desde nuestros blogs y nuestros canales de Youtube, Vimeo, etcétera para contar y cantar la realidad de las cosas sin temer, primero, que podamos perjudicar intereses empresariales de grandes medios de comunicación con grandes hipotecas publicitarias y, en segundo lugar, que podamos tener la plena libertad de denunciar lo que entendamos que son injusticias y pisoteos atroces de los derechos más fundamentales

¿Qué igual de esto no podamos comer? Seguramente. Pero es que el hecho de contar y cantar las cosas no es una profesión, es una vocación y por ello sufrimos cada vez que nos ponen barreras. Por ello, hoy más que nunca cobran verdadero sentido las palabras que pronunció en su día el malogrado catedrático Ricardo Acirón, de la Facultad de Ciencias de la Información de La Laguna: “Si ustedes piensan que en esta profesión van a hacerse ustedes ricos, vayan desengañándose”. Es verdad, ricos no seremos, pero nos lo pasamos muy bien…hasta que viene el Rubido de turno cortando cabezas.

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