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Desde mi escaño

Niñatos que se burlan de la ley

Niñatos que se burlan de la ley

Los supuestos asesinos de la niña Marta del Castillo llevan más de un mes toreando a la Justicia, a la policía y a todo aquel que se precie a intentar sonsacarles a estos niñatos la más mínima pista en relación a dónde depositaron el cadáver. Por lo pronto, ya se invirtieron a fondo perdido, nunca mejor dicho, varios millones en el operativo desplegado en el cauce del río Guadalquivir. Resultado, nada por aquí y nada por allá. Cuando, incluso, se atistaba la posibilidad de ponerse a buscar a mar abierta, llega uno de estos mequetrefes, cambia su declaración y asegura que el cuerpo de Marta se halla en un vertedero, que lo habían depositado en un contenedor de basuras. Pues nada, a pedir los permisos judiciales pertinentes para revolver en la mierda, con perdón, amén de toda la basura mediática que ya se había volcado con anterioridad, con padres y novias de pegote que quisieron su minuto de gloria en televisión y algunos miles de euros en su cuenta corriente.

Lo cierto es que ya son muchas las personas que pensamos, entre ellas los propios padres de la víctima, que su hija tampoco se encuentra en ese vertedero. Tal vez en otro o, incluso, incinerada, ya que el progenitor de una de estas novietas de quita y pon trabaja o es propietario de un horno incinerador. A buen entendedor... Sea como fuere, lo que parece realmente indignante es que nadie sepa sacarle a estos mocosos de tres al cuarto la verdad de los hechos. Fíjense como se chotean de todo el mundo que uno de ellos, el principal sospechoso de cometer el crimen, un tal Miguel Carcaño, trató infructuosamente de suicidarse. ¡Qué pena, miren ustedes! De verdad, una auténtica lástima que le fallara el cordón de marras, aunque también era deseable que, al menos, cantase de una puñetera vez dónde demonios dejó el cadáver de Marta.

Me pongo en el lugar de los padres de esta niña y hay que pensar que el asesinato lo están reviviendo cada día y varias veces. Saben que está muerta, pero no pueden quitarse de encima el ahogo de no hallar el cuerpo, tener al menos esa paz espiritual de poder darle a su pequeña el merecido descanso. Suerte tienen estos pequeños delincuentes, asesinos de acné, que no estamos en un régimen musulmán o talibán. A buen seguro que a estas alturas, de no haber confesado toda la verdad de los hechos, tendrían cercenados unos cuantos dedos de los pies, de las manos, algún que otro brazo y, por qué no, quizá hubieran sufrido una ceguera perpetua. Son sistemas de religiones fanáticas con los que uno no comulga, pero tampoco nos gusta que cuatro mozalbetes se burlen de toda una sociedad, y sobre todo de una familia, que bastante penuria tendrá que sufrir de por vida para que encima se sigan riendo en su cara.

1 comentario

Máximo Medina -

Cuando las leyes van dirigidas más hacia los derechos del sospechoso que los de la/s víctima/s nos podemos encontrar con casos espeluznantes. ¿Es tan difícil utilizar el sentido común pese a que sea el menos común de los sentidos? A los legisladores españoles se le va muchas veces la pelota y luego rectificar una ley es a veces más complicado que hacer una nueva. No obstante, el caso relatado en este artículo excede los límites racionales de cualquier mente sana. Aquí no sé, pero en EEUU si no hay cadáver, no hay delito. Ahí están las películas para demostrarlo. Y es que esto de Sevilla parece también un largometraje, donde la producción la pagan todos los españoles con sus impuestos. Lamentable y digno de no volver a repetirse.