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Un macabro hallazgo en Arico

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¿Quién puede tener el valor de depositar en un contenedor de basuras un bebé de hace pocos días o pocas semanas? Hay que tener una personalidad insensible, desnaturalizada, mostrar ser una persona sin sentimiento alguno incluso por alguien que es parte de su propia vida para hacer una cosa así y quedarse tan fresco. Pero sí, una madre, un padre o la pareja en común (que ya se ven tantas cosas que no sabe uno a qué carta quedarse) no ha tenido mejor ocurrencia que arrojar al depósito de los desperdicios a su hijo y éste ha sido hallado, ya cadáver, claro, en el vertedero de Arico, en el sur de Tenerife, sin que hasta el momento hayan trascendido más datos sobre el particular.

Él o los autores de la salvajada están siendo buscados incesantemente por efectivos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Por el momento, en una medida que me parece totalmente adecuada y pertinente, no se han querido ofrecer más detalles sobre el curso de las investigaciones. Lo lógico en estos casos es mantener la máxima prudencia y cautela para poder tener en la mano todos los datos pertinentes y dar con el paradero de él, la o los sinvergüenzas que han tenido el ‘valor’ de llevarse por delante la vida de un ser completamente indefenso.

Lo chocante de todo es que estas historias, más propias de décadas y centurias menos prósperas en España sigan aconteciendo de cuando en cuando en pleno siglo XXI. No entro en si quien ha hecho esto está acuciado por problemas económicos, tiene un desequilibrio mental severo o, simplemente, le da igual ocho que ochenta. Un hecho así nos pone de nuevo en el escaparate como una sociedad rudimentaria, incapaz de progresar. Quitar la vida a cualquier persona es siempre un hecho deleznable, repudiable al cien por cien, pero mucho más grave es cuando se ceban con alguien que está naciendo a la vida.

No es de extrañar que los vecinos de Arico y toda la isla de Tenerife se encuentren consternados y paralizados ante esta noticia. Nadie en su sano juicio sería capaz de perpetrar una salvajada así, pero está claro que la raza humana no deja de sorprendernos, en muchas cosas para bien, pero en otras, desgraciadamente, para mal, tanto que a veces dan ganas de coger la nave espacial y tomar rumbo a un planeta alejado de la Tierra.

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