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Raquel Bollo: el último fraude de 'Sálvame'

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¿Está el modelo ‘Sálvame’ agotado? Es posible. El programa, que estaba pensando como otros tantos, de cotilleo, de seguir a cualquier medianía que se precie, ha ido derivando en los últimos años en un formato de retroalimentación de tal manera que todo se recicla una y otra vez, pero al mismo tiempo da la sensación de que el tufillo, el hedor a porquería humana no termina de irse. En realidad, el espacio de Jorge Javier Vázquez es como una Planta Industrial de Residuos Sólidos, sólo funciona mientras, con perdón, haya mierda y si ésta se agota pues toca cerrar ambos, tanto la planta como el programa.

Ahora lo que pita en ‘Sálvame’ son las miserias humanas de sus tertulianos. Ya dio bastante juego la situación de Belén Esteban, una mujer que en la vida ha sido nadie, sino ser la ex mujer de un torero y luego conocida por diversos flirteos. El espacio vio un filón en una persona con menos cerebro que un mosquito, que explotaba a las primeras de cambio y que al final, cuando ya estaba más allá del límite, tuvo que retirarse de los focos por culpa de lo que llamó eufemísticamente adicciones y que no eran otra cosa que lo que ustedes se pueden estar imaginando.

Amortizada la Esteban (básicamente ya en su vuelta al circo mediático no tiene el mismo tirón), la siguiente en pasar al patíbulo ha sido Rosa Benito, mujer de Amador Mohedano, y que ha tenido que ver en directo como le ponían los cuernos con distintas busconas hasta provocar que a la tertuliana le diese tal chungo que acabase hospitalizada tras ventilarse una ‘tortilla’ de pastillas y al final empezar un carrusel de altas-ingresos hasta quedar también alejada de las luces.

Y el último ejemplo lo tenemos con Raquel Bollo. Han intentado explotar sus desavenencias con una tal Aguasantas, han querido vender que la tertuliana se quería ir, le han montado un ‘Deluxe’ para machacarla y al fina, lo único que ha pasado, es que cuando se le ha ido a hincar el diente a ese ‘bollo’ resulta que tenía más aire que una central eólica, una verdadera estafa en toda regla, un fraude, que tarde o temprano pasará factura. ¡Ojalá! Ya no hay quien se crea estos dramas prefabricados, más falsos que un euro de madera.

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