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Desinformación y cicatería real

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Ya tenemos nuevo Rey en España. Finiquitada la abdicación de Don Juan Carlos I, ahora es Felipe VI el nuevo inquilino del Palacio de La Zarzuela. Sin embargo, algo flota en el ambiente de que el proceso de traspaso de poderes no se ha hecho conforme a lo que se esperaba y no sólo por las prisas y por la precipitación, sino por intentar darle la máxima clandestinidad posible, con un muro desinformativo bastante evidente, especialmente de puertas afuera de nuestro país. Aquí, más que coronar a un nuevo monarca, pareciera que asistiéramos a la firma de la venta de un piso. De milagro, en vez de hacer el acto institucional en el Congreso, no lo hicieron en la notaría del señor Cremades y asociados.

El resto del mundo tiene que estar sorprendidísimo a la par que bastante mosqueado por la falta de tacto y diplomacia de la Casa Real y el Gobierno españoles. En un evento tan sumamente importante y trascendental para este país como es la llegada de un nuevo Rey, resulta que hemos intentado taparlo lo más posible, crear un telón de acero informativo y, lo más grave aún, dejar fuera de esta fiesta a los miembros de otras casas reales europeas y a los mandatarios de Estado. Y menos mal que, dentro de la disparatada política protocolaria española no se les ha ocurrido cursar invitaciones a los dictadores de Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador, Irán o Corea del Norte para tratar de contentar a los Pablos Iglesias y Juan Carlos Monederos de turno.

Tanto en La Zarzuela como en el Palacio de la Moncloa parece haber imperado una clave, una consigna, no herir los sentimientos de los republicanos, no hacer demasiado ruido y, justamente, lo que se ha conseguido es el efecto contrario, que se haya hablado más de esta ceremonia por el carácter anómalo que ha tenido la misma, donde faltaba, por ejemplo, el mismísimo Rey saliente, Don Juan Carlos I, al que sólo se le vio en La Zarzuela cuando le imponía el fajín de capitán general.

En definitiva, todo muy extraño, muy paupérrimo, a media luz y con demasiada confusión. Y de postre, como primer regalito de reinado, es posible que dentro de unos días venga de los juzgados de Palma de Mallorca la imputación ya no de la hija del Rey, sino de su hermano. Vamos a ver cómo torea ese morlaco judicial Don Felipe VI.

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