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Cristina Cifuentes: un abuso de autoridad

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La Delegación del Gobierno de Madrid se excedió el pasado 19 de junio de 2014 en sus competencias. Bien estaba que se organizase una cierto dispositivo de seguridad antes, durante y alguna horas después de la ceremonia de coronación de Felipe VI. Sin embargo, lo que no fue de recibo encontrarse con la Puerta del Sol vallada y fuertemente custodiada por varios agentes de la Policía Nacional para intentar evitar la manifestación de 200 personas en pro de la república y que conllevó al cierre de la estación de Sol. Es decir, un día festivo y donde los comerciantes se frotaban las manos ante la afluencia de turistas y llega la señora Cifuentes y chapa la mítica plaza madrileña. Es para que alguien se lo haga mirar, de verdad.

Uno, que es demócrata convencido y que entiende que hay que priorizar la libertad de expresión por encima de ideologías, entiende que los republicanos, aunque no comulgue con ellos, estaban en su perfecto derecho a oponerse a la monarquía, a echar pestes de Juan Carlos I, de Felipe VI o de la Infanta Leonor. Considero que mientras nadie actúe como un fanático, no hay motivo por el cual convertir la Puerta del Sol en un estado policial. Pero algunos prefieren ponerse la venda antes que salga un ligero y superficial rasponazo y acaban por revestir de una falsa seguridad lo que es, lisa y llanamente, hacer saltar por los aires que una familia pueda disfrutar tranquilamente de un paseo por ese emblemático rincón de Madrid o que los empresarios de las tiendas que rodean la plaza puedan hacer su agosto.

En ese sentido, poco o ningún caso se hace al Ayuntamiento de Madrid desde la Delegación del Gobierno. En la Villa y Corte empiezan a estar hartos de ver como Sol es semana sí y semana también objeto de los manifestantes a los que desde el departamento de la señora Cristina Cifuentes se les consienten prácticamente casi todas sus peticiones.

Lo del jueves 19 de junio de 2014 fue, sinceramente, un abuso de autoridad, con casi un policía por asistente y las decenas de miles de personas que llegaban a Sol se encontraban con un cercanías o unos metros que no podían parar en la estación. De verdad, si de lo que tenían miedo era de la patochada que podía hacer alguien como Jorge Verstrynge, Dios nos libre. Sólo así, con estas absurdas decisiones, se provoca que el sentimiento republicano crezca.

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