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Del pijama 'despistado' a la poltrona apropiada

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¡Qué obsesión tiene José Miguel Bravo de Laguna con quedarse cosas que no le pertenecen! Hace ya unas cuántas décadas a este caballerete le trincaron en unos grandes almacenes londinenses llevándose (dice él que por un descuido) un pijama que valdría unas siete libras. Despiste o no, el caso es que la noticia se conoció en España y causó una importante polvareda (y eso que por los años 80 lo de Twitter como que no estaba siquiera en el pensamiento) de la que le costó bastante desprenderse. Y es que entonces aún no estábamos inmunizados ante las corruptelas y eso, por muy nimio que fuese, nos parecía una verdadera chorizada que debía tener su justo castigo. Al menos el oprobio y la vergüenza pública de que alguien con pasta y con una posición envidiable se dedicase a esas cosas (insisto, así fuese un despiste).

Pues bien, casi 30 años después de ese bochornoso episodio, nuestro hombre nos ‘regala’ otra escénica digna de pasar a los anales del caradurismo político. Este señor ha pedido la baja como afiliado y militante del Partido Popular pero, hete aquí, que se niega a dejar la Presidencia del Cabildo de Gran Canaria. Sí, dentro de dos meses hay elecciones y Bravo de Laguna será desalojado de su coqueto despacho por la fuerza de la democracia. Seguramente, también considerará que ha sido un mero despiste, que no tiene querencia por la poltrona, pero de momento se aferra a ella y está pegado al sillón como una lapa.

Está claro que el señor Bravo de Laguna está dando sus últimos coletazos dentro de la política activa. Es como esos grandes paquidermos que saben que ya no cuentan para la vida activa, que no sirven para la caza, y acaban apartados y arrinconados hasta que se quedan eternamente en ese cementerio de elefantes. Eso sí, quitarle los colmillos de marfil a este elemento no va a ser nada sencillo y de hecho casi dan por imposible en el partido que le ha albergado todos estos años el quitarle sus atribuciones como presidente hasta que no tenga lugar la sesión de investidura del nuevo presidente.

Pero el problema ya no es sólo que haya roto con el PP, sino con toda la ciudadanía grancanaria, ya que él ahora mismo se ha acaudillado en el Palacio Insular. Sólo le falta ponerse la boina roja, salir a pasear por la isla y expropiar todo aquello que se encuentre a su paso. Lo bueno de esto es que si alguna duda quedaba de la catadura moral del señor Bravo de Laguna, él, y sólo él, se está encargando de demostrarle al orbe entero que es lo que todos pensamos, un jeta que empezó ‘despistando’ un pijama y acabó apropiándose de una poltrona.

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