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Desde mi escaño

Puerta grande, rabo y dos orejas para el Tribunal Constitucional: Cataluña volverá a tener corridas de toros

Es lo que se llama una estocada en toda regla. El Tribunal Constitucional ha sido bien claro al respecto. La Generalitat de Cataluña no tiene enjundia ni capacidad jurídica para erradicar lo que es una tradición nacional, independientemente, y vuelvo a recalcarlo, que quien suscribe este artículo no es amante de las corridas de toros.

Pero yendo al meollo de la cuestión, lo cierto es que el TC le ha dicho al heredero de Artur Mas, es decir el señor Carles Puigdemont, que su autonomía no puede prohibir la celebración de las corridas de toros, que por encima de una normativa legal regional está todo el peso de la legislación nacional y que por tanto todos aquellos empresarios de las plazas de toros de Cataluña que deseen organizar festejos taurinos tienen todo el respaldo de la Justicia para que puedan celebrarse con todas las de la ley.

Evidentemente, pecaría de pardillo si creyese que el Gobierno catalán va a acatar esto como al niño que se toma sin rechistarr el aceite de ricino. Seguramente, a estas horas ya habrán recurrido y se pondrán al frente de una manifestación los separatistas de turno para decir que una vez más el Estado español pisotea los deseos de los catalanes, entendiendo esa caterva política como catalanes aquellos que comulgan con las tesis independentistas y que ven en cada erradicación folclórica española una victoria más de su sectarismo.

Por eso, y pese a que no soy protaurino, me alegra mucho que José Tomás, El Juli, Enrique Ponce o Talavante vuelvan a torear, por ejemplo, en la Monumental de Barcelona. No se trata de restregar una victoria jurídica a nadie. Se trata simplemente de demostrar a cuatro desinformados que la ley no se retuerce a gusto de consumidor o, en este caso, de separatista. Así que desde aquí, rabo, dos orejas, vuelta al ruedo y salida por la puerta grande a los ’toreros’ del Tribunal Constitucional.

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