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Desde mi escaño

La Champions paro de ZP

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zetaparo, digo Zapatero, erró en la mitad de su previsión al decir que España estaba en la Champions League en lo que a creación de empleo se refería. Sí, estamos en la élite continental, pero en destrucción de puestos de trabajo, y la cifra sigue subiendo. Si 2009 lo estrenamos rebasando los tres millones de personas en busca de un curro, ahora ya la cifra ha aumentado en más de 200.000, con lo que la situación sigue siendo mucho más agobiante, y parece que no tiene visos de remitir.

Por supuesto, Zapatero puede prometer el oro y el moro, asegurar que a partir de marzo, abril o septiembre la cosa va a ir a mejor, que se creará más empleo que en toda la historia contemporánea de España, pero eso son zarandajas, promesas huecas, sin fuste, que al primer soplido se derrumban como un castillo de naipes. Desgraciadamente, no son acusaciones hechas desde quienes nos sentimos oposición al PSOE, sino que son datos refrendados desde la propia Unión Europea y anunciados por alguien tan poco sospechoso como Joaquín Almunia, futurible ministro de Economía.

Lo que desconozco a día de hoy es cómo se podrá ayudar a estas más de 800.000 familias que tienen a todos sus miembros como los actores de 'Los lunes al sol'. Debe ser muy reconfortante desde el punto de vista del desempleado que se repartan millones y más millones de euros a los pobrecitos banqueros, mientras el parado se harta de hacer colas y más colas ante una oficina de empleo, con el riesgo añadido de que igual tiene que acudir varias veces porque a la una del mediodía se cierre el chiringuito y ya no se pueda atender a más demandantes (y no es la primera vez que sucede).

En fin, Zapatero sigue viviendo en un mundo de fantasía, donde nada le preocupa y sigue con sus milongas allá donde va, ya sea un foro de banqueros, empresarios, sindicatos o de organizaciones no gubernamentales. Oyendo a este hombre, sólo caben dos cosas, o tiene un problema serio de percepción de la realidad o, directamente, tiene una caradura de espanto y encima nos quiere hacer comulgar a los demás con ruedas de molino.

 

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