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Humildad, Gemma, humildad

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La nadadora Gemma Mengual, una de las mejores deportistas que tenemos en España, demostró la pasada semana que adoloce de una facultad primordial para moverse en la alta competición, la humildad. Saber perder, encajar las derrotas (si es que podemos tildar de fracaso llevarse no sé cuántas medallas de plata) resulta esencial para mejorar en su disciplina e incluso como persona. La catalana, no sé si inducida por ciertas compañías y periodistas pelotilleros, se derrumbó y lloró como una magdalena tras quedar segunda en una prueba individual. La representante rusa, al igual que su país, volvió a situarse en lo más alto del cajón, para enfado de la nadadora española y de la propia representación, amén del enviado especial de Televisión Española que entiende que los jueces le birlaron el oro a Mengual.

Uno, que reconoce que la natación artística no es de las especialidades que más le atrae, no deja de reconocer que el esfuerzo que tienen que hacer estas deportistas, que son años de entrenamientos, de renunciar a toda una vida social mientras se está en edad de poder competir. Sin embargo, no termina de convencerme que se denomine deporte a algo que tiene que ser calificado por un jurado, donde seguramente entran una serie de condicionantes que no siempre tienen que ver con lo que sucede dentro del agua. Quién sabe, tal vez la nadadora española hizo un ejercicio del diez y la rusa no estuvo a la altura, pero eso no lo sabemos porque en TVE, al menos en el informativo, sólo se centraron en poner la actuación de Gemma mas no la de su rival en la piscina.

Además, no nos engañemos. Las nadadoras rusas no es que dominen ahora, siempre lo han hecho y lo seguirán haciendo, aunque desde luego tendrán más problemas de los habituales para imponerse en los campeonatos europeos y mundiales. Al igual que ha sucedido con el baloncesto norteamericano, el más fuerte del planeta, pero que ya no es imbatible, en otras disciplinas empieza a suceder lo mismo. El secreto son años de duro trabajo, de ir subiendo escalón a escalón, sin prisa, pero sin pausa. Hace 25 años en España nos conformábamos con el hecho de que nuestras selecciones, en las más diversas modalidades, se clasificaran para las fases finales de los campeonatos o que nuestros deportistas a nivel individual llegasen al término de la competición. Hoy, en pleno 2009, dominamos en muchos deportes y hemos ganado campeonatos mundiales de varias disciplinas. Por eso, no entiendo la rabieta de Mengual, que además tendría que dar ejemplo a quienes empiezan a practicar su modalidad desde pequeñitas. Contenta debería de estar por ser plata mundial y con opciones de poder subir ese último peldaño en próximas citas internacionales. Y aunque suene manido, lo importante, como decía el Barón de Coubertain, es participar.

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gravatar.comAutor: Lewis Rogers

El problema de Mengual es que necesita los oros. No sólo por ser la mejor del mundo, sino por si continúa en la competición activa. Pasa de la treintena y llegar a la primera plaza sería como lograr el techo que las rusas siempre le han negado. Pese a todo, me temo que está satisfecha. Son ocho medallas en un Mundial, meta sólo al alcance de los elegidos. Pero Gema, como competidora, quiere más. Tampoco olvidemos que la natación sincronizada tiene bastante de arte. Quizás de ahí provienen las lágrimas, de la interpretación.

Fecha: 28/07/2009 13:27.


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