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Porteros 'policiales'

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Despacho de la agencia EFE. “Un joven de 23 años de edad se encuentra desde la madrugada del domingo pasado ingresado con carácter muy grave tras ser agredido presuntamente por tres porteros de una discoteca de la localidad de La Laguna (Tenerife). Los tres porteros han sido detenidos por la presunta agresión al joven, que sufrió un traumatismo craneoencefálico que le llevó a perder el conocimiento, por lo que tuvo que ser hospitalizado, según informaron a través de un comunicado fuentes de la Policía Nacional”. Puede parecer un suceso más, pero no debe ser así. Lamentablemente, vivimos en una sociedad que parece haberse acostumbrado a esta clase de hechos, a esas peleas entre tabernarias y carcelarias a las puertas de las discotecas todos los fines de semana y no siempre acaban con algunas magulladuras entre los participantes en las reyertas, sino que a veces algunos acaban en el hospital, como este pibe, o a veces ya sólo resta darle el último adiós.

 

Frecuentemente reaparece en la escena pública este debate sobre la regulación del oficio de portero de discoteca, sobre los requisitos profesionales y psicológicos que debe presentar el candidato a controlar la entrada a un local donde, normalmente, la gente va a pasarlo bien, a bailar, a tomar unas copas, a charlar, a ligar, a lo que sea, pero todo actividades que, en sí mismas, no entrañan riesgo alguno. El problema viene sobrevenido cuando a algunos de estos locales llegan personas pasadas de vueltas, con pocas ganas de aguantar un control a la entrada y con muchos deseos de provocar una revuelta. Hay porteros que, muy atentos a los posibles incidentes, optan por la diplomacia y, en el peor de los casos, no dudan en llamar a los agentes de la autoridad. Sin embargo, otros no son así y se ponen al mismo nivel que ese quinqui callejero que quiere entrar sí o sí en la discoteca y entonces ya tenemos armada la de San Quintín. Se junta el fuego con las ganas de apagarlo por parte del empleado con un bidón de benzeno.

 

Desconozco qué ocurrió el pasado domingo en la madrugada con este joven que pretendía acceder a ese recinto, si trató con malos modos a los vigilantes, pero, independientemente de unos modales más o menos correctos o incorrectos, lo que nunca debe hacer un encargado del control de entrada de un local es atribuirse o arrobarse para sí las competencias que en materia de seguridad tienen las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado o, en su defecto, la Policía Local. Estamos de acuerdo en que hay un grupo reducido de jóvenes que llegan como llegan a determinadas horas a unos lugares de ocio y que hay que ponerles un freno, pero nunca se puede emplear la violencia física como arma de persuasión. En todo caso, insisto, tenemos una policía lo suficientemente competente para que se encargue de esos indeseables.

 

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gravatar.comAutor: Máximo Medina

Incidentes que pueden convertirse en accidentes a las puertas de un lugar de ocio. Es lo que suele ocurrir cuando personas que no tienen autoridad creen tenerla y así les va si encima alguien les secunda. Llegar a la violencia siempre es tomar un camino equivocado, pero no se pueden generalizar los casos de este tipo, porque cada uno de ellos encierra una historia que puede ser muy distinta de las anteriores. Yo mismo he podido observar los dos casos, el exceso de celo de unos porteros que quieren ante todo la tranquilidad y en otrs un auténtico gamberro que desde la misma puerta del centro de ocio pretende hacerse ver más que nadie. Una cosa es mantener el orden y otra muy distinta llegar a la pelea pura y dura. De esto saben mucho los policías profesionales que en muchas ocasiones resuelven situaciones sin que tener emplear sus armas reglamentarias. Eso es autoridad y no lo otro.

Fecha: 25/11/2009 23:32.


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