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79 fallecidos y 365 días después

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Hace un año que Galicia y España entera vivieron uno de los peores accidentes ferroviarios que ha conocido nuestra historia. 79 personas fallecían en el tren que unía Madrid con El Ferrol tras salirse en la curva de A Grandeira, en Angrois, a sólo tres kilómetros de Santiago de Compostela. Un exceso de velocidad, unido a un posible fallo en el sistema de seguridad que hubiese forzado automáticamente al frenado del convoy, fue la causa de este brutal suceso que, además, para mayor significación, se produjo a muy poquitas horas de la festividad del Día de Santiago. Con excelente criterio, la Xunta optó por suspender cualquier evento porque no estaba el horno para fiestas, la verdad sea dicha.

365 después, poco o nada más conocemos de lo sucedido, salvo reproches políticos (el sentido del oportunismo carroñero de determinados dirigentes no tiene precio) intentando quitarse de encima responsabilidades, como si eso fuese a provocar la resurrección de los 79 fallecidos, así como el curar las secuelas físicas y psicológicas de quienes sobrevivieron a la catástrofe ferroviaria, amén de los familiares y amigos de estas personas que vieron como en cuestión de segundos su vida daba un vuelco de 180 grados.

Es evidente que el maquinista, el señor Francisco José Garzón Amo, es el principal culpable de provocar la muerte de 79 viajeros. Independientemente de los sistemas de seguridad con los que van equipados los trenes de hoy en día, el conductor es el máximo responsable del tren y, por tanto, tendría que haber ido atento en todo momento a lo que tiene delante de sí. Está muy bien buscar otras explicaciones que puedan ayudar a resolver este accidente y a prevenir que puedan suceder otros capítulos similares.

Sin embargo, no se puede reducir en modo alguno el factor humano en este suceso porque ello implicaría o equivaldría a decir que da lo mismo tener un maquinista de carne y hueso que un maniquí. Si todo lo hiciese la tecnología, ¿qué pintaría entonces un conductor? Nada, absolutamente nada. Además, en poco o nada le ayudó a este señor haber colgado meses atrás al accidente aquella foto en Facebook donde presumía de ‘saltarse’ los radares de la Guardia Civil. Sí, de acuerdo que no quiso darle esa intencionalidad, pero hay frases y fotos que carga el mismísimo diablo. Esperemos que, después de un año, todos hayamos aprendido la lección.

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