Blogia
Desde mi escaño

Liberticidas mediáticos y gubernamentales

Liberticidas mediáticos y gubernamentales

¿Molesta la libertad de expresión? A tenor del furibundo ataque del periódico de cabecera del Grupo Prisa, El País, en relación a determinados canales y programas que calificó como "ultras", en clara referencia a Veo Televisión, Intereconomía o TeleMadrid, con programas de investigación, El Gato al Agua o Madrid Opina, que a su entender (¡viva la libertad de expresión y el artículo 20 de la Constitución!), vulneran los principios que deben regir en el panorama mediático. Lo sospechoso de todo esto es que el artículo de marras se produce cuando comienzan a tenerse en la mano las audiencias de los canales que emiten única y exclusivamente en TDT y los datos son bastante aterradores para quien hasta ahora ostentaba el cuasi monopolio.

A excepción del TVE, que aún emite por ambos medios, el analógico y el digital terrestre, los programas más vistos se encuentran en Intereconomía, TeleMadrid o Veo Televisión, medios a los que se acusa de sostener al principal partido de la oposición con opciones de desbancar a los socialistas, y eso no gusta al Gobierno y mucho menos a esas empresas mediáticas que ven como pueden perder sus prebendas, aunque bien es cierto que ZP vendió a sus amigos prisaicos con el tema del fútbol para darle el negociete a La Sexta. Acuérdense de aquel decreto ley sacado a finales de la primera quincena de agosto para aprobar la TDT de pago. Fue un gol por toda la escuadra en Gran Vía 32.

Pero lejos de una cuestión de reparto de la tarta publicitaria, lo que realmente nos preocupa a quienes amamos la libertad de expresión es que vuelva a suceder con determinados medios lo que el entonces Gobierno de Felipe González hizo con Antena 3. Ese medio, pequeño y modesto, surgido a principios de los años 80 como una fórmula alternativa, fue creciendo progresivamente y se convirtió en uno de los principales látigos fustigadores de un Ejecutivo que ya andaba metido en demasiados líos y excesivas corruptelas. Los socialistas forzaron la máquina para que al final la cadena pasara, de manera totalmente ilegal (tal y como demostraron años después los tribunales), a manos de Jesús de Polanco quien, en muy poco tiempo, acabó por cerrar la radio, algo que no pudo hacer con la televisión, pero que por ganas no fue, precisamente.

Por eso, cuando un medio, al fin y al cabo un periódico como El País, que en su momento se postuló como uno de los garantes de las libertades, de la democracia y de todos los principios que inspiran nuestra Carta Magna, se lanza a poner de vuelta y media la ética de los contenidos de los programas de otros canales, miedo me da que se repita un episodio tan siniestro como el acontecido en el verano de 1992, cuando la gran mayoría de los profesionales de Antena 3, Luis Herrero, el ya desaparecido Antonio Herrero o José María García, tuvieron que salir por la puerta de atrás porque alguien se empeñó en que allí no continuarían ejerciendo su labor. Sí, alguien dirá que a más de uno se le puso sobre la mesa un contrato aún mejor que el que tenían, pero con una reducción hasta extremos insospechados a la hora de poder contar las noticias sin filtros y sin cortapisas. Lo gracioso es que algunos se quejaban de las prácticas liberticidas del Generalísimo y estos mismos son los que propugnan y exigen el cierre de otros medios. Vivir para ver.

3 comentarios

Rubén Hormiga -

Pero cuando los fascistas increpan a Wyoming, ahí estamos de acuerdo. Libertad de expresión para los de su ideología, al resto que lo censuren...
Siguen pensando igual que cuando Franco vivía.

Milagros Castillo -

¿Molesta la libertad de expresión? A tenor de la siguiente entrada en su blog publicada, parece que sí.

Máximo Medina -

El 'famoso' reportaje de dos páginas de El País no critica a nadie, simplemente ponía etiquetas a sus competidores, algo muy típico y tradicional en ellos, acerca de los contenidos de los programas, pero en ningún instante vi que pidiera el cierre de ninguna de las emisoras de TDT que funcionan en la actualidad. La calentura de Prisa es que con cuatro tertulianos y un presentador, un par de cámaras y un grupo de realización, un programa como el gato al agua haya suscitado tanta audiencia. Lo mismo pasa con Veo y quizás con TeleMadrid, aunque esa señal nunca ha llegado a mi casa. Con programas que valen 4 euros han concitado mucha atención y eso quiere decir que el sector audiovisual de Prisa ha metido la pata en algo, no sólo en el fútbol. Siempre que una emisora le dé caña al Gobierno tendrá éxito, porque es algo tradicional en un país donde siempre la autoridad ha sido respetada. Es como un contrasentido, pero es una de las cosas de la pseudo democracia que tenemos. Un Estado democrático regido por unos individuos que buscan su interés personal y no el de sus electores. Prisa tiene su negocio montado y cuantos más competidores le salgan, peor lo pasará aparte de los 5.000 millones que debe. Lo único que parece molestarle es que esa competencia no tenga nivel y encima triunfe. Pero poco más puede hacer...