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Desde mi escaño

Todo por la pasta

Todo por la pasta

Se pone de moda esto de las querellas. No, no se preocupes, hoy no toca meterme con los querelletors de La Gomera, sino que esa panda de tocahuevos que siguen erre que erre con un artículo escrito por mí el pasado 26 de diciembre y que hacía referencia a las sospechas planteadas por mí sobre la repentina aparición de muchos casos de vejaciones sufridas en la Casa Cuna. No se trataba de sucesos acaecidos hace cinco o diez años, en absoluto, sino de hechos que habían tenido lugar 30, 40 o 60 años atrás. Curioso que al amparo de la Ley de la Recuperación de la Memoria Histórica (o, lo que es lo mismo, perritas a cobrar por daños morales) salgan ahora muchas personas que han guardado un más que sospechoso silencio.

Pues bien, todas estas personas, muchas de ellas movidas por una Ong catalana, están a la caza y captura no sólo de las indemnizaciones, sino de quienes creen que podemos poner en riesgo su cuantiosa manteca económica. Son multitud de correos los que he recibido, bastantes en tono insultante y amenazador, sobre todo los de una tal Liberia Hernández Rodríguez que, desde el minuto uno, pretende no sólo echar por tierra mis tesis, sino que pretende hacer prevalecer su criterio. Ella, cómo no, quiere hacerme ver que es la poseedora de la verdad absoluta y los demás, es decir quienes no estamos en su línea, no sólo es que seamos analfabetos, incultos o escasamente formados, sino que encima nos coaccionan con llevarnos a los juzgados. Pues nada, allí nos veremos, por supuesto.

El argumento principal que maneja la señora Liberia, quien no se cansa de decir en distintos foros que a ella la separaron de su familia a los nueve años y que ha vivido un infierno con sus padres adoptivos, aunque ya parece que hace tiempo que se reencontró con sus parientes naturales, que residen en Arafo, en Tenerife, es que a mí no me interesa que salga la mierda que pudo haber en la Casa Cuna. Señora, si tanto sabe usted del tema, ¿por qué no da nombres? Recuerdo que llegó a decirme telefónicamente que hay políticos en activo en el Cabildo que están relacionados con este tema, pero, qué casualidad, no me revela sus identidades porque está todo bajo secreto de sumario.

A mí, sinceramente, me da la impresión de que nadie en la Corporación tinerfeña tiene nada que ver en esos turbios asuntos que se les pretende imputar, pero ya se sabe esa máxima de difama que algo queda. Hernández, la asociación catalana y los acólitos, que tienen demasiado tiempo para insultar y amenazar por internet, tratan de sacar un rédito económico más que indudable. Hablan pomposamente de la reparación de daños morales, pero en realidad sólo buscan unos cientos de miles de euros. Menos mal que contra el vicio de pedir está la virtud de no dar.

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