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Desde mi escaño

Presión al botellón

Presión al botellón

Reza el viejo adagio que las leyes están para ser cumplidas y, desde luego, suscribo punto por punto ese aserto. Si hay una ley municipal en Madrid que prohíbe el botellón, beber en la calle y que además haya una sanción ejemplar para los padres de los menores que están ahítos de alcohol en plena vía pública, así sea un solar o un parque, pues, ¿qué quieren que les diga? Que paguen por saltarse las normas a la torera. Hasta ahí creo que no hay nada que objetar.

Sin embargo, luego hay cuestiones que, por encima de lo que marca la ley, no son tolerables en modo alguno y que provocan que determinados agentes se conviertan en una suerte de policía secreta que se dedica a pasear por los parques de nuestra ciudad sorprendiendo a jóvenes de 16-17 años que están pasando la tarde de un sábado bebiendo en el césped y, de repente, verse rodeado por dos policías de paisano que, en plan Gestapo, empiezan a inquirir a ese grupo de adolescentes que de quién es esa botella. Obviamente, como nadie responde, la respuesta es pedir los datos de los domicilios de las diez personas y que llegue una ‘bonita’ notificación de 500 euros a cada uno de los domicilios.

Uno, que es neófito en cuestiones legales, sí que tiene los mínimos conocimientos de sentido común y entiende que no se puede multiplicar por diez lo que sólo es un delito. Si la multa por beber en la calle es de 500 euros, no es de recibo que conviertan la sanción en una decena de sanciones. Es como, con perdón, si se ha matado a una persona, que de repente la pena de cárcel sea como si se hubiese asesinado a diez. Ni sería justo ni proporcional. Es más, a riesgo de quedar como un demagogo, vemos que se ‘protege’ más a criminales como Carcaño o ‘El Rafita’, auténticos delincuentes que han acabado con la vida de dos chicas y ahí están, como si nada hubiese pasado.

Me parece bien, repito, que se cumplan y se hagan cumplir las leyes, pero no se puede ir detrás de unos jóvenes yendo como policías de paisano y luego permitir que un mocoso engañe una y otra vez a los agentes sobre el sitio en el que ha enterrado a Marta del Castillo. Hay algo que falla en nuestro sistema y habría que hacérselo mirar. 

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