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Desde mi escaño

'Caso Nadia': pornografía moral

Posiblemente estamos ante una de las noticias más surrealistas, tétricas e impactantes a la que como periodistas nos hemos podido enfrentar en los últimos tiempos. La historia ya es sobradamente conocida por ustedes. Nadia, esa niña a la que su padre fue llevando de la mano por platós de televisión, por estudios de radio y por redacciones de periódicos, amén de conseguir que artistas de la talla de Alejandro Sanz se solidarizasen con la menor y su enfermedad, ha sido engañada…¡por sus propios padres a los que tampoco les dolió prenda alguna en usarla en sus escarceos amoros-pornográficos!

Ahora son muchos los que salen a criticar la labor de los medios de comunicación por haberse dejado engatusar por dos montajistas de tomo y lomo. Y sí, podremos ser responsables en una parte, pero cómo un periodista que, es exactamente igual de humano que el padre de esta niña enferma, va a poner en tela de juicio una historia que tenía todos los visos de ser verdad y además que alguno de ellos estuvo viviendo y conviviendo con la familia para obtener un reportaje enriquecedor. Lo que nadie pensaba es que detrás había montado un tinglado perfectamente disimulado.

Más que cargar contra unos medios de comunicación a los que su pecado primordial, en todo caso, fue la ingenuidad y dejarse llevar por los buenos sentimientos, lo que hay que poner el acento es en unos padres que han sido capaces de usar a su hija y su dolencia como método para garantizarse una vida desahogada. ¿Qué digo desahogada? A todo lujo. Estos elementos no se privaron de nada y no tuvieron empacho en engañar a la abuela de la propia Nadia al decirle que estaba siendo sometida su nieta a una operación a vida o muerte en Houston.

A esta caterva de impresentables que son sus padres tampoco les importó grabar sus escarceos amorosos y pornográficos delante de la niña a la que tenían desnuda tal cual la trajo Dios al mundo. Estamos, sin duda, ante unos individuos sin entraña alguna, sin sentimientos, auténticos seres ratoniles que en vez de en un chalet de lujo nunca debieran haber salido de la cloaca en la que tan bien parecen moverse.

¡Ojalá y la Justicia sea justa por una vez y a estos dos elementos les caiga una buena temporada entre rejas y que por supuesto nunca vean más a su hija, al menos hasta que ésta sea mayor de edad y tenga capacidad de discernir si quiere ver o no a unos padres que se han comportado como bestias de la ciénaga!

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