Antes muerta que sin silla
Los políticos (me niego a eso de la clase o de la casta política) no dejan de ser ciudadanos como usted o como yo. Se trata de personas que las elegimos en las urnas, pero que igualmente nosotros, hoy mismo, podemos formar un partido y presentarnos a las próximas elecciones. No están tocados por la varita mágica del Altísimo, sino que simplemente tienen el respaldo de un pueblo, de unos electores que se inclinan por tales o cuales representantes. Pero, lamentablemente, hay muchos que olvidan que su puesto no es de origen divino, sino terrenal, de decisiones avaladas por los ciudadanos en la cita con las urnas. E igual que hoy tienen su carguito, mañana ya no lo tienen.
Por eso (por mucho que luego se enfade conmigo) me molestan actitudes como la de la vicepresidenta primera del Parlamento, Cristina Tavío, del Partido Popular, que aprovecha una red social como Facebook para quejarse de un fallo flagrante del protocolo por no dejarle sitio durante el concierto de Navidad en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. Podemos convenir que alguien optó, y esto es de mi cosecha, por colocar en el lugar que a ella le correspondía a cierto candidato capitalino de cierta formación nacionalista. Pero estas cosas hay que denunciarlas en los foros adecuados, no en un foro de internet, aunque sea tu página personal.
Y lo peor es que cuando hubo alguna persona que le llamó la atención por creer que se estaba exagerando la nota, muchos seguidores de Tavío contraatacaron masivamente a esos críticos. Y vale, sí, falló el protocolo ¿y? Al fin y al cabo los políticos deben darse cuenta de que no se puede estar con estas ñoñerías, que si fulano o mengano me ha quitado la silla (antes muerta que sin silla). Si ha habido un error de quien no debía de haberlo tenido, se hace constar ante quien corresponda y uno busca un hueco entre el resto de asistentes a la cita musical y si no te marchas a casa, pero no podemos perder el tiempo en esas naderías.
Lo cierto es que nuestros representantes, esos que, recalco, elegimos a través de las urnas, no pueden ni deben alejarse de la realidad, te llames como te llames y ejerzas el cargo que ejerzas. Aquí, por obra y gracia de Dios y del invicto Caudillo (¡¡¡toma facherío!!!) los únicos a los que no hemos podido escoger es a los inquilinos de la Zarzuela, pero desde Zapatero al último edil de El Pinar, en El Hierro, todos dependen de nosotros y tendrían que soportar las mismas incomodidades que nosotros soportamos a diario.
Por eso, querida Cristina, con los problemas que existen en Santa Cruz, quejarte de que no tenías silla es, como poco, hilarante. En todo caso, el que tenía que quedar como un maleducado era ese supuesto candidato, no que al final reviertas la situación de tal manera que quedes perjudicada. Pero bueno, no soy asesor de nadie, siquiera de mí mismo. Si por mí fuese, mañana mismo acababa con todo protocolo absurdo y recalificaba La Zarzuela, pero…
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Máximo Medina -