Blogia
Desde mi escaño

Obama: Yes, we war

Obama: Yes, we war

Obama debe devolver inmediatamente el Premio Nóbel recibido en 2009 cuando fue galardonado como máximo exponente de la Paz mundial. Este señor se pasa los principios del pacifismo por el forro de sus caprichos y ahora, aunque quiera camuflarlo como una acción de corto alcance, va directo a por el sátrapa sirio Al Assad, un individuo que se ha cargado por completo el país y que ha sometido a sus ciudadanos a un régimen de terror absoluto, con la connivencia, claro está, de gran parte de las potencias occidentales. Un ejercicio de hipocresía que se viene practicando desde décadas y que personajes de esta calaña aprovechan sin gota de arrepentimiento.

A nadie se le esconde que la situación por la que está atravesando ahora mismo Siria es como para deponer al precio que sea a este dictador y a todos sus acólitos, pero de nada vale esta especie de quiero y no puedo o de amague constante a ver si con la simple amenaza este individuo opta por salir corriendo antes de caer en manos de la justicia internacional. Esta clase de conflictos, lamentablemente, tienen un arreglo poco pacífico y es precisa la intervención militar para reestablecer el orden.

Por eso, chirría bastante que Obama, el pacificador de Chicago, el hombre que es capaz de compararse con Martin Luther King (si él se levantara de la tumba, volvía a morirse del susto) se olvide de su Premio Nóbel y amenace con sacar los carros y los antiaéreos a las calles de Siria. O eres pacifista o eres belicista, pero lo que no se puede es estar entre dos aguas, sobre todo cuando estamos hablando de conceptos tan antagónicos como la guerra y la paz. Es, para que me entiendan, como querer ser a la vez votante de Izquierda Unida o del Partido Popular, ¿verdad que no puede ser?

En su momento fuimos muchos los que señalamos que el Premio Nóbel de la Paz de 2009 estaba bichado, que un presidente de los Estados Unidos, por regla general, no podía recibir tal galardón, pero está claro que el aspecto mediático, la novedad de tener al primer mandatario negro en la Casa Blanca era una golosina demasiado tentadora incluso hasta para la propia academia escandinava. ¿El resultado? Que se le dio el título a quien no había hecho nada para acreditar tal nombramiento. Y es que, a veces, hasta los eficientes nórdicos tienen estas cosas de dejarse engatusar por las apariencias.

0 comentarios