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Desde mi escaño

Proclamación de Felipe VI: ¿un gasto real caro o barato?

Proclamación de Felipe VI: ¿un gasto real caro o barato?

¿Fue cara o barata la ceremonia de proclamación de Felipe VI como Rey de España? Pues todo tiene su contexto, aunque es evidente que un acto que apenas ha costado 132.000 euros, cuando se supone que todos estos actos se celebran con excesiva pompa y boato, no parece que se pase excesivamente de la raya. Pero, insisto, siempre hay que analizar todos los puntos de vista y hay que cumplir siempre con una máxima, que a veces lo barato sale caro, quizá no inmediatamente, pero sí a medio o a largo plazo.

Es evidente que cuando haces las preceptivas comparaciones con lo que cuesta la organización y celebración de otros actos públicos, pareciera que la proclamación real hubiese sido un producto de marca blanca del Carrefour o del Día, mientras que los eventos políticos del PSOE o del PP, en cambio, ya tienen categoría de estar expuestos en el rincón del gourmet de El Corte Inglés o del Sánchez Romero. Lo más económico, la última convención de los populares, casi costó 200.000 euros del ala y la conferencia política socialista se fue, nada más y nada menos, que hasta los 500.000 euros.

Obviamente, con esas cifras, nadie podría decir que el acto de la proclamación de Felipe VI se haya salido de madre, sobre todo porque con pólvora ajena, es decir con el dinero de todos los contribuyentes, se suele disparar de manera indiscriminada y sin reparar en gastos. Al menos, por una vez, se ha sido sensible con la situación por la que atraviesan millones de españoles.

No obstante, y como señalaba anteriormente, a veces lo barato sale caro e igual el hecho de no haber procedido a invitar a los presidentes y reyes extranjeros a un evento de este tipo que, dicho sea de paso, pueden pasar fácilmente 30-40 años para que podamos vivirlo; supone que nos devuelvan la moneda por la descortesía diplomática, máxime cuando nuestro hoy Rey, entonces Príncipe, venía de la toma de posesión de un mandatario latinoamericano en el momento en que su padre, Don Juan Carlos I, anunciaba la decisión de abdicar. No digo que habría que haber echado la casa por la ventana, pero sí pensar en la oportunidad histórica del momento.

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