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Desde mi escaño

Dando la espalda a la inmigración irregular

Dando la espalda a la inmigración irregular

No aprendemos. Le hemos dado la espalda nuevamente a un problema como la inmigración irregular y en cuanto queramos darnos cuenta volveremos a tener Canarias infestada de pateras porque ni en España ni en el resto de Europa hemos sabido ponerle el remedio adecuado a un problema que va mucho más allá de unas personas que huyen de una situación de miseria.

El buenismo ha hecho que asumamos una carga social y desde los países emisores se ha visto a Europa, especialmente España e Italia, como dos naciones del tipo ONG, capaces de acoger a decenas de miles de inmigrantes que día a día se juegan el tipo por llegar hasta la tierra prometida. Aquí, hasta el momento, hemos aplicado dos alternativas, o la devolución exprés o el papeles para todos. Así, sin mayores miramientos. Si un caso fue malo, el otro peor. Pero esto ha sido con nuestro Gobierno y con el vecino trasalpino.

La cuestión de la inmigración irregular no la vamos a resolver tirando de raqueta legal para devolver las pateras que llegan hasta nuestras costas o agachando la cerviz mientras centenares de funcionarios firmaban permisos de residencia a cambio de billetes de metro o autobuses usados. No, así sólo hemos conseguido parchear la situación y no nos hemos ocupado de ir a atajar el origen del problema, que son los propios gobiernos de las naciones emisoras.

Esta gente que nos viene en las pateras no son, precisamente, pobres de pedir. Se dejan en cada viaje un fortunón con el que podrían vivir muy cómodamente en sus países de nacimiento. Pero son territorios secuestrados por auténticos sátrapas que les quitan absolutamente todo, verdaderos dictadores con los que, dicho sea de paso, mantenemos o hemos mantenido provechosas relaciones comerciales, especialmente en materia armamentística.

Estos dirigentes amedrentan a una población que no puede salir de sus lugares de origen por métodos legales y ahí entran en juego las mafias, amparadas por esos mismos gobiernos, para aprovecharse de la situación y sacarle los cuartos a esta gente que, en muchos casos, intentan dos, tres y cuatro veces o más el viaje hasta España o, como viene siendo más frecuente ahora, hasta Italia. Pero volverán a intentar el viaje a nuestras costas cuando la entrada en Italia les sea ya imposible.

Europa debe tomar de una vez por todas la determinación de ponerse manos a la obra e intervenir militarmente en esos países para derrocar a esos dictadores y establecer unas condiciones de vida digna para quienes son obligados a tomar medidas tan desesperadas como jugarse la vida en un cayuco. Ahora es Italia la que está sufriendo diariamente en sus carnes este drama, pero más pronto que tarde volveremos a ver en las costas andaluzas o canarias la llegada de más embarcaciones con decenas o centenares de hombres, mujeres y bebés al socaire de un océano que les puede volcar su precaria nave. ¿Qué hace falta para que reaccionemos de una puñetera vez y se dejen de reír en nuestra cara Marruecos, Senegal, Libia o Gabón?

Artículo publicado originalmente en Tenerife Week mayo 2015

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