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Desde mi escaño

Anabel Pantoja y la sobreexposición

Anabel Pantoja y la sobreexposición

No, no voy a juzgar.

No conozco a Anabel Pantoja ni a su pareja, David Rodríguez, y por tanto Dios me libre de sentenciar si su hija recién nacida acabó en el hospital por cuestiones relacionadas con un presunto maltrato.

Para eso están los tribunales de Justicia que tendrán que valorar los informes médicos. Estos últimos, por cierto, que tal vez deberían de habr actuado con más tacto y mayor perfil bajo antes de alentar unos rumores a vaya usted a saber quién y qu se han propagado como la pólvora.

Ahora bien, dicho esto, Anabel Pantoja se queja ahora de la sobreexposición a la que está siendo sometida casi a diario, que si los paparazzi en la puerta de su domicilio, en el hospital, en los juzgados.... Y sí, tiene razón en pedir un poco de cuartelillo, que se la respete en estos momentos tan complicados.

Pero tampoco hay que olvidar algo esencial.

Esta influencer ha hecho de su vida un pingüe negocio. Gente como Anabel Pantoja se autodenominan creadores de contenido a subir toda su vida, en ocasiones sin filtro alguno. Están 24/7 retransmitiendo todo aquello que hacen a cambio, claro está, de llevárselo bien calentito.

Y ahí está el problema o el dilema. ¿Dónde acaba lo público y empieza tu privacidad? Anabel Pantoja ha acostumbrado al personal a que todo en su vida debe ser de dominio general y, por tanto, resulta complejo ponerle puertas al campo. 

¿Que se debería de respetar el trance por el que ella y su pareja están pasando en estos mismos momentos? Sin duda alguna, pero también Anabel Pantoja debería de hacer un ejercicio de reflexión y sopesar hasta qué punto le compensa hacer su día a día un negocio visto lo visto con el episodio de su bebé. 

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