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Desde mi escaño

Cría 'Cuervo' y te sacará los euros

Cría 'Cuervo' y te sacará los euros

“Un tío honesto”. Así, sin adornos ni retoques lingüísticos define Miss Millonaria (digo Cayetana) Guillén Cuervo a José Luis Rodríguez Zapatero. Uno puede pensar que siente un profundo amor y respeto a la gestión del presidente del talante, que cree fervientemente en su obra. Pero nada de eso, por favor, no seamos tan tortolines. A esta señora lo que realmente le motiva es el acudir al 4B o al Servired cada 1 de mes y ver como le han ingresado en su cuenta bancaria algo más de 60.000 euros por el programa semana Versión Española. A final de año, la pija-progre, la que desdeña ahora a la plataforma de la zeja por ‘millones’ de razones, se embolsa la nada despreciable cantidad de 720.000 euros, céntimo arriba, céntimo abajo.

Hay que reconocer que lo de esta presentadora es espectacular. Su querencia al dinero está muy por encima de sus creencias políticas. Es una auténtica funambulista para conseguir sacar manteca de unos y otros porque, para que a nadie se le olvide, esta persona tan progresita, tan de pañuelo palestino, ha presentado su espacio en tiempos de la tan denostada y deplorable derecha española. Nadie nunca en el PP lo quitó una sola coma o le añadió un guión. Pero claro, desde 2004 está ZP en la poltrona y había que buscarse el guiso. Muy provechoso, por cierto, como se puede comprobar ahora.

Y miren ustedes, si esta pija-pogre estuviese en una cadena privada, como el caso de Belén Esteban, y se levanta mensual y anualmente todo ese pastizal, allá cada gestor con lo que hace en su casa. Sin embargo, queridos amigos, este dinero se lo está llevando del ente público, de la Televisión Española, de esa que pagamos todos los contribuyentes para que, curiosamente, se recorten los derechos salariales de muchos trabajadores y, en cambio, se favorezca a los ‘amijetas’ de turno, como la señora Guillén Cuervo (cría idems y te sacarán los ojos, en este caso los euros).

Luego, llega el Valeriano Gómez de turno y pedirá comprensión a los pensionistas, nos reclamará un esfuerzo a todos los contribuyentes ante la crisis tan galopante, pero me queda la duda de saber si realmente los sacrificios que acometemos todos los españoles es para sanear las maltrechas arcas públicas o para que la señorita pijo-pogre de Guillén Cuervo pueda cobrar sin demora los 60.000 euros de vellón. Y luego dirán que TVE arrastra una deuda del copón. Pero, ¡cómo no va a tener pellas con todos estos desmanes económicos! Dicho sea de paso, también se gastaron una pasta gansa con una pariente del Generalísimo, la empalagosísima Carmen Martínez Bordiú en un bodrio-concurso de baile donde siempre ganaba ella. Vamos, ni Franco lo hubiese mejorado (o empeorado).

Seguritas sui géneris

Seguritas sui géneris

Terminal T-4 del aeropuerto de Barajas, 17.40 horas. Los mostradores de facturación prácticamente vacíos de pasajeros. Barra libre para escoger donde recoger la tarjeta de embarque. Curioso. Uno hace el trámite en cuestión de segundos. Empleado amable, 1.000 y una indicaciones sobre la puerta a la que ir y el camino más corto. Todo va bien hasta que…se da uno de bruces con el pegajoso, pesado e intolerable control de seguridad. No es que uno esté en contra de que pasemos bajo el arco y que nuestro equipaje de mano tenga que ir por la máquina de los rayos X. Nada de eso. Parece que los seguritas del chiringuito han iniciado una competición para evitar que un solo pasajero se escape de hacerlo todo correctamente. Siempre te pillan en algo.

Da lo mismo que te quites el reloj, el cinturón, la chaqueta, que lleves el portátil fuera de su funda. No, no es suficiente. En mi caso, después de todo el proceso, te hacen abrir el aparato y, pásmense ustedes, que le dé a las teclas. Sí, al igual que hago ahora mismo para colgar este artículo, pero al azar. ¿Qué creen que hay? ¿una bomba, tal vez droga, algún microchip oculto en uno de los puntos de la tecla de interrogación como nos mostraba Hitchcock en Topaz? Pues sí. Así funcionan los seguritas con ínfulas de tenientes generales en esta terminal y, a buen seguro, que se repiten los casos en otros aeropuertos españoles.

Alguien, en su perfecto derecho, podrá replicarme. ¡Oiga, es que es por nuestra seguridad! Bien, perfecto, pero ¿acaso no pasa todo por una máquina de rayos X para ver si el ordenador lleva o no cosas añadidas? Una de las prácticas más habituales es, por ejemplo, hacerle quitar los zapatos a quien ha conseguido eludir cualquier instrucción extraordinaria. Le pasó a un pasajero que iba delante de mí. Todo perfecto, pero cuando pasó por el arco la vigilante allí impertérrita le obligó a descalzarse y pasar de nuevo por el aro.

Y miren, bien está que se mire por la seguridad de todos nosotros, que después de lo acontecido en los Estados Unidos toda precaución es poca. Pero ya se ha demostrado en más de una ocasión que los que vigilan estos cacharros no siempre están atentos a la jugada, que les han colado elementos punzantes y que, sinceramente, no dan abasto con toda la gente que llega a juntarse en determinadas franjas horarias. Encima, no les pidas responsabilidades si alguien te birla un objeto depositado en la máquina de Rayos X. Aquello parece la operación retorno y quienes tienen prisa porque van pegados de tiempo al embarque pueden acabar cogiendo lo que no es suyo, pero que se le parece. Las explicaciones, como me dice un amigo, al maestro Armero. Ellos, estos vigilantes poco vigilados, sólo están prestos a fastidiar y a fulminar la paciencia de los sufridos viajeros.

Sinde...cencia

Sinde...cencia

¿Somos una España Sinde? ¿Sinde dice usted? Sí, hombre, sinde…mocracia, sinde…cencia y sinde…ontología. ¿O acaso es que no se ha enterado, mi querido amigo, de las revolucionarias declaraciones de la señora ministra de Cultura, la sinpar Ángeles González Sinde, la que ha resuelto tajantemente que los artistas (incluidos los cejateros) no tienen derecho a opinar del conflicto del Sahara porque no tienen ni idea de lo que allí pasa (y además hubo muertos de los dos lados, grita desde el Senado MiniTrini, no vaya a ser que se mosquee el vecino marroquí).

Pues sí, esta es la España con la que nos despertamos diariamente, una pléyade de ministros incapaces, ineptos y que sólo tienen a Rugalcaba para estar en todos los frentes, pero claro, aún no han logrado clonar al químico y las tonterías siguen campando a sus anchas, a razón de 10 resbalones diarios por metro cuadrado. Especialmente, seguiremos escuchando sandeces y tontileneces en aquellos departamentos que no tengan un mayor interés para el Gobierno y Cultura, claro está, no es de las prioridades de este Ejecutivo. Por eso funciona como funciona y hasta se atreve a enmendarle la plana al lobby pancartero del Nunca Mais y del No a la Guerra.

Por supuesto, no voy a realizar una defensa a ultranza de estos artistoides-pegamoides, pero sí que siempre apostaré por la libertad de expresión y nadie, se apellide Sinde o Sandez, está en el derecho de capitalizar las opiniones que vierten los demás. Todas, como esta misma que ustedes pueden leer, corre el riesgo de estar errada, de que no estén de acuerdo con ella, pero lo que importa es que tengo un espacio de libertad para plasmar mis ideas, mis pensamientos, lo que sea.

Lo curioso del caso es que cuando el clan de los Bardem, reconvertidos luego en el club de la chapa-pegatina, para refundirse finalmente en la plataforma cejatera, salían a la calle para protestar contra la guerra de Irak o contra Israel nadie, ni siquiera la propia Sinde, que salía en animada caminata pancartera, se atrevió a decir ni media sobre el vasto o nulo conocimiento de la realidad iraquí o la judía. Nada, todo eran risas viendo los insultos que se proferían contra el gobierno de Aznar y los improperios contra el pueblo israelí por lo que estaba pasando con Palestina.

Ahora, en cambio, parece que a los artistas les ha venido un brote de amnesia con respecto a Marruecos. Ellos han opinado, pero Sinde, perfecta distribuidora de los conocimientos geopolíticos mundiales, ha dictaminado que no, que ese tema no lo han dado los pegamoides y que mejor no hablen de lo que no saben, no vaya a ser que en materia de subvenciones les ponga un cero Zapatero.

Ley del menor y del cachondeo mayor

Ley del menor y del cachondeo mayor

¿Qué estamos haciendo mal en esta sociedad para que en las últimas semanas hayamos tenido constancia de las agresiones perpetradas por menores? Los modelos de conducta que se observan en esas deleznables series de televisión y lo que acontece en la vida real, con hechos delictivos que acaban en aguas de borrajas en los tribunales, están contribuyendo de manera decisiva a que nuestros jóvenes lleven a cabo acciones violentas a sabiendas de que no van a tener un severo correctivo. Ha pasado con el Rafita, el asesino confeso de Sandra Palo, o Miguel Carcaño, el supuesto autor de la muerte de Marta del Castillo y que aún sigue mofándose de los agentes cada vez que le preguntan dónde está el cuerpo de la joven sevillana.

Todos estos ejemplos son los que están provocando que cada día en las redacciones nos encontremos con sucesos tales como el del menor que apuñala a otro por el simple hecho de llamarle la atención por estar masturbándose en una calle de La Laguna o el joven que agredió a otro en el Intercambiador de Santa Cruz de Tenerife con un cuchillo de 15 centímetros de hoja. Lo peor de todo es que la detención de estos niños (porque en realidad no pasan de ser eso, unos meros pibitos) acabará como siempre, con su puesta en libertad y la citación a un juicio que, cuando se celebre (que ésa es otra), puede ser que tengan acumuladas unas decenas de delitos más.

Los progres que nos gobiernan en este país llamado España han sido los responsables de que la llamada Ley del Menor esté como esté, hecha unos zorros. Aquí pueden abortar las jóvenes con 16 años, acceder a la píldora del día después cualquiera que se lo proponga, pero en cambio esa supuesta madurez que nos quieren vender se topa con la realidad de la fecha de nacimiento que consta en el DNI cuando hay que aplicar la legislación. Entonces sí, para ser juzgados por el apuñalamiento y la muerte de una persona sí que son menores y, por tanto, no se les puede aplicar el castigo pertinente, tan sólo unos meses en el reformatorio y luego, cual Rafita, a seguir en la barra libre de la delincuencia.

Es deseable que el próximo Gobierno que tengamos en España aborde esta cuestión como una de las prioritarias. No podemos quedarnos impasibles ante hechos delictivos de tal calado. No se trata de copiar lo que sucede en ciertos estados de los EE.UU, donde incluso está contemplada la pena de muerte para los jóvenes que cometen asesinatos, pero sí que hay que conseguir que el que delinca no crea que tiene manga ancha o carta blanca para seguir cometiendo fechorías. Reformatorio mientras sea menor de edad y después, por supuesto, cárcel.

Por supuesto, hay que incidir también en el aspecto reeducativo y conseguir su integración normal en la sociedad, pero ante todo hay que darle la primacía necesaria a la severidad en la privación de libertad. En definitiva, que el que la haga, que la pague (aunque nunca se podrá restituir de ninguna manera la pérdida de una vida) y que realice trabajos en beneficio de la comunidad, que no se repitan los modelos del Rafita o de Miguel Carcaño.

Copas, trapos y bombones

Copas, trapos y bombones

Reza el buen precepto político que hay que mantenerse alejado de los despilfarros, que con el dinero público no se puede jugar y que los empleados al servicio de cualquier administración no están para el capricho del concejal, alcalde, consejero o ministro de turno. Es una manía y una costumbre demasiado manida la de creerse que el Bautista de marras es una especie de chico para todo y a veces se confunde el interés general con el particular, primando el último por encima del primero. Y claro, el trabajador calla y aguanta porque en ello le va el sueldo, pero cuando encima sus jefes (o jefas, en este caso) abusan de ellos, pues ya la paciencia como que tiene un límite y estallan.

Y esto mismo es lo que ha acontecido con el trío de la cordialidad, Elena Salgado, Bibiana Aído y María Teresa Fernández de la Vega, a las que sus chóferes han puesto de chúpate dómine con las instrucciones nada profesionales que han estado recibiendo durante mucho tiempo. Tenían que cumplimentar misiones para las que no estaban adscritos, cuestiones de índole personal de las señoras que, encima, ponían reparos cuando el encargo no estaba a gusto de consumidora.

La déspota ministra de Economía obligaba a su chófer (aunque éste lo haya querido desmentir) a una famosa pastelería de Madrid a por bombones. Los propietarios del local han reconocido que siempre venía un conductor del ministerio en nombre de la señora Salgado a recoger el dulce encargo. Y no es la única tarea que se le encomendaba. También fueron obligados a llevarle hasta la sede ministerial todo un probador de vestidos para la jefa del comando anticomida basura porque iba a salir entrevistada en Vanity Fair. En ese caso, hubo una negativa de todos los conductores.

Otra amante de tener a los chóferes a su libre disposición es Bibiana Aído. Esta jovencita, al igual que todos los de su generación, desea expandir su espíritu en medio de noches locas y bebidas espirituosas. Hasta ahí bien. Sin embargo, a la hora de volver a casa no hace como el resto de los mortales, coger un taxi o esperar pacientemente al famoso búho (líneas de buses nocturnos que conectan La Cibeles con todos los barrios de Madrid). No, no. La señora Aído se cuelga del teléfono móvil y hace venir (el nombre es una suposición) a Sebastián para que la lleve hasta su casa. No sé si también le pedirá que le haga masajes en sus cansados pies.

Y la tercera pata la conforma la ‘Fernando Alonso’, la ministra y vicepresidenta saliente, Mari Tere para los amigachos. Aquí la elementa, con un claro problema de puntualidad, obligaba a sus conductores a meterle caña al acelerador. Como si el vehículo fuese un Fórmula 1, al chófer que le tocase llevar a la señora De la Vega temblaba con sólo oír su nombre. Y es que las multas que más de uno se ha llevado por conducir a altas velocidades no han sido abonadas por quien encima dio la orden, sino por ellos mismos. Además, en este caso, la ministra se quedaba tan ancha en su asiento y después de la multa tenía la santa jeta de seguir exigiendo al conductor que le diese más gas al asunto.

La honradez de Red Bull tuvo premio

La honradez de Red Bull tuvo premio

La limpieza y la honradez en el deporte han triunfado. Determinados medios de comunicación españoles, entre ellos La Sexta con ‘el palizas’ de Antonio Lobato, se la han tenido que envainar. Sebastián Vettel se ha convertido en campeón del Mundo de Fórmula 1, lo que ha supuesto todo un premio para una escudería que sabía lo que se traía entre manos, pese a que aquí ha habido mucho gurú de baratillo, mucho experto que hablaban y no paraban de criticar a Red Bull por marginar a Webber. Ahora, palabras literales del insoportable Lobato, “hay que pensar que nos han engañado y que la temprana parada de Webber fue un anzuelo en el que picaron Ferrari y Frenando Alonso”.

El locutor de la cadena de Roures se ha pasado toda la carrera haciendo análisis interesados, comentarios que en nada se correspondían a la realidad y poniendo de vuelta y media la estrategia engañosa de la escudería austriaca. Todo, sin duda alguna, para tapar el relativo fracaso del equipo italiano y, de paso, para intentar olvidar lo que decía hace una semana en Brasil, donde llegó a reírse de la táctica diseñada por Red Bull, que prácticamente, afirmaba tajantemente, había sido como dispararse un tiro en el pie.

Alonso, desde luego, tampoco ha estado fino. Sus manifestaciones al término de la carrera asegurando que había sido mucho lo conseguido con las pocas prestaciones del coche denotan a un personaje que se ha ganado a pulso la fama de antipático. Nada de agradecer el esfuerzo de los mecánicos, sólo sabe ver los fallos de los demás a la hora de la crítica, pero parece que oculta las virtudes de esos mismos a los que él vitupera cuando las cosas ruedan mejor. ¿O es que la remontada en el mundial sólo se debe a la maestría del asturiano al volante?

Por eso, después de ver como hasta Su Majestad el Rey Don Juan Carlos I ha decidido darse un rulo hasta Abu Dhabi para apoyar al futuro campeón, a Frenandito, me alegro de que el simpatiquísimo se haya quedado sin la corona mundial. El placer de verle con esa cara de ‘yo no tengo la culpa, la responsabilidad es del otro’ resulta impagable, así como ver a toda esa cohorte de pelotilleros desconsolados porque su amigo se ha quedado compuesto y sin cetro que llevarse a la copa. Además, cómo no podía ser de otra manera, el piloto no se marchó sin decir otra perla, que él ya había ganado dos campeonatos del Mundo. Pues nada, mensajito para Ferrari, que igual deben buscar a otro piloto que tenga más motivación.

¡Qué error del Frente Polisario!

¡Qué error del Frente Polisario!

¿Qué necesidad tenía el Frente Polisario de enviar a los medios de comunicación una foto falsa sobre los incidentes acaecidos en El Aaiún? Este hecho va a dar mucha munición a Marruecos para dar un sonoro puñetazo sobre la mesa y, con su habilidad propagandística, convertir a los saharauis en elementos sospechosos de prácticas terroristas. Insisto, ha resultado un error garrafal por parte de quienes pretendían ahondar más en la brecha del conflicto, pero que encima han arrastrado con ellos a muchos lectores que se han sentido estafados. Exonero del error a quienes dieron por auténtica la imagen, entre ellos la propia agencia Efe, ABC, El Mundo, El País o la Vanguardia, porque en principio, en una época donde podemos manejar billones de fotografías al día, no podemos tener retentiva sobre si el detalle de ese niño con la cabeza vendada era o no de otra guerra anterior.

Ya habrá, porque además han servido el argumento en bandeja de plata, quienes salgan a mortificar a todos los defensores de la causa saharaui, a poner el dedo en la llaga sobre que no todo es trigo limpio. Vendrá a ser algo así como la generalización que se hace de la Santa Madre Iglesia cuando aparece un caso de pederastia. Entonces, la liturgia (nunca mejor dicho) es la de hacernos creer que desde su máxima autoridad, el Santo Padre, hasta el último de los seminaristas son todos unos viciosos del copón. Con el tema de la imagen del conflicto en Gaza, pero ‘vendida’ como fresca y del Sáhara, va a pasar algo similar.

Nadie puede poner en tela de juicio las atrocidades cometidas por Marruecos, una nación gobernada por un tirano revestido de una falsaria túnica democrática, que hace y deshace a su antojo, que tiene muchas vinculaciones con los franceses, pero encima en el territorio de Mohamed VI se ha desarrollado un fuerte espíritu hipócrita a la par que cínico. España, sobre todo con Zapatero a la cabeza, se ha postrado y humillado ante este régimen, ha dado de lado a los saharauis y estoy convencido de que en cualquier momento va a salir la ministra fracasada y perdedora, la señorita Trinidad Jiménez, a vendernos moralina y a ponerse la medalla de que no todo en el pueblo saharaui es nobleza y que por eso no había que posicionarse a favor de una postura, sino mantener esa irreverente y pornográfica neutralidad.

Lo cierto, ya concluyendo, es que flaco favor se ha hecho a sí mismo el Frente Polisario con la foto de marras. Recalco, no había necesidad y no me creo lo del error involuntario. La imagen está perfectamente escogida, es impactante y, de no ser por la memoria visual de los lectores, hubiese colado la mentira durante mucho más tiempo. Desde luego, en este caso, los del Polisario han quedado retratados, y no para bien, precisamente. Sólo espero que no hayan causado un daño excesivo al pueblo saharaui. Es relativamente sencillo luchar cuando el enemigo lo tienes en frente, pero resulta hasta surrealista que te la cuelen los tuyos.

Políticos caras y asesores caros

Políticos caras y asesores caros

Una verdad como un templo. Esta mañana, después de salir de una tertulia radiofónica, me enchufé como oyente a la que mantiene los jueves mi amigo Gonzalo Castañeda con representantes del mundo de la política, gente menos conocida, pero no por ello con carencia de ideas, al contrario. Precisamente estamos hablando de personas que le ponen sentido común a lo que otros pretenden enredarlo de tal manera que parezca difícil. Pero la política sería sencilla con esas dosis de coherencia y de preparación. El mal de nuestras instituciones, coincido plenamente con lo que allí se dijo, es que sobran asesores. Mucho dinero para aconsejar y hasta decidir en el lugar de esa cara bonita del cartel electoral.

El ejemplo que ponía uno de los contertulios era fantástico. Imagínense en una empresa que a usted le dan un puesto de responsabilidad, tiene unas competencias atribuidas y con ellas debe manejarse. Pues bien, suponga ahora que le surge un problema y que, en vez de devanarse los sesos, se cuelga usted del teléfono y le pide ayuda a su superior. Éste, en un planteamiento lógico, le dirá: “Yo le estoy pagando para que busque soluciones, así que resuelva usted”.

Esto, trasladado al mundo de la política, es tan sencillo como el de ese concejal de Economía y Hacienda de un Ayuntamiento capitalino que no tiene ni papa de número y le ponen a 20 asesores para que le ayuden. Vamos a ver, ¿por qué se elige para un puesto a un iletrado, a un semi analfabeto funcional, al que se le paga una morterada, pero otra tanta debe ir a quien en realidad le saca el trabajo adelante?

Evidentemente, el problema se genera cuando el dinero es público y hay determinados políticos que no quieren entender que hay que cuidar hasta el último céntimo. En mi empresa no pondría a personas que no sepan ejecutar por su cuenta. Alguien que precise en todo momento mi ayuda para absolutamente todo no tendría más de cinco minutos de permanencia en el sillón.

El ciudadano tiene que saber que en más ocasiones de las deseadas se está pagando el doble o el triple por un servicio. Político inepto que ha sido puesto ahí por llevar el carné del partido en la boca y que, al no tener ni idea de lo que gestiona, tiene que tener un asesor que le resuelva las cuentas y, seguramente, un escriba que le detalle o le dé las pautas precisas para soltar el rollo en un pleno o en una rueda de prensa.

Como se exponía perfectamente también, es como ir a un hotel de cinco estrellas y que te atienda, con todos los respetos, un botones en prácticas. Pues mire usted, forme usted a esa persona, pero yo he pagado un fin de semana a razón de 1.500 euros y quiero que me presten un servicio adecuado. Si eso no pasa en el sector privado (al menos si se tiene cabeza), ¿por qué entonces sí pasa en la cosa pública? Obvio, porque lo segundo lo pagamos entre todos.

Dejadez internacional de ZP

Dejadez internacional de ZP

El Gobierno de España lo ha hecho una vez más. De nuevo, ante un conflicto internacional en el que, además, tenemos mucho que decir, Zapatero pone pies en polvorosa y quien tendría que dar la cara, en sustitución de ZP, para defender nuestros intereses, la pierde-primarias Jiménez, se marchó de ronda a Bolivia y a Ecuador, naciones que, como cualquier experto en geopolítica puede llegar a comprender, son claves en nuestras relaciones planetarias. Y mientras tanto, que les vayan dando a los saharauis en el Aaiún, que lo resuelva la comunidad internacional, espetó la ministra del pufo de las vacunas de la gripe A.

Los lazos de España con el Sáhara van más allá de lo puramente histórico. Hay unas uniones fraternales con ese pueblo, pero el gabinete de Exteriores, dirigido primero por el “perfecto mierda” (Reverte dixit) de Moratinos y ahora por la ignorante Jiménez (tiene menos nivel de inglés que mis periquitos), ha apostado claramente por aliarse de forma directa o indirecta con el régimen marroquí, no vaya a ser que los pingues negocios que tiene nuestro Gobierno con el régimen dictatorial de Mohamed VI se puedan ir al garete por un quítame allá esos campamentos de la Solidaridad.

Lo peor de todo es que España (mejor dicho Zapatero) ha demostrado que le importa una higa la suerte que corran los saharauis. Estoy convencido de que si se hubiese tratado de la invasión de cualquier nación por parte de los Estados Unidos, tendríamos a toda la progresía unida tras una pancarta hablando de poder imperialista, de masacre humanitaria, etc, etc. Pasó con Irak, donde ZP y los suyos, junto con el aún en ciernes clan o plataforma de la ceja, no dudaron en situarse en primera línea de la manifestación para tirar contra Bush y contra Aznar. Blair también salió en la famosa foto de las Azores, pero como era más afín a la izquierda, sólo recibió aquel famoso tirón verbal de orejas del lavandero Bono (“es un imbécil integral”).

De todas maneras, tenemos lo que nos merecemos. Desde el segundo engaño masivo (400 euros a cambio de hacer la vista gorda con la crisis), Zapatero no ha hecho sino gobernar a golpe de improvisación. Se le ocurría una idea y cualquiera de los 666 asesores era incapaz de rebatirle una sola coma a los planes del presidente. Adelante con los bulos y con los faroles. Total, a fin de cuentas, ¿quiénes pagan el festín desmedido de este Gobierno progresista? Los ciudadanos, por supuesto. Lo que sucede es que los desmanes de este presidente por accidente (o por atentados) están traspasando nuestras fronteras. Todos se han dado cuenta de las debilidades de un ZP que, después de muchas veleidades, ahora ve que nadie le hace caso y esos ‘amigos’ internacionales, Castro, Chávez, Morales o Mohamed VI le ponen la zancadilla a cada momento.

Los 'pecados' de Don Gonzalo

Los 'pecados' de Don Gonzalo

No suelo hacerlo, no es práctica habitual en mí, pero no tengo más remedio que replicar a aquellas personas que, bajo la capa del anonimato, han puesto a caldo pota a un amigo y compañero de profesión. No aguantan el éxito de Gonzalo Castañeda y tiran del manual del insulto, del improperio y del descrédito más rancio para justificar sus argumentos. Me reprochan que desconozco muchas facetas de la trayectoria profesional de este comunicador. Claro, no me jacto de ser su biógrafo ni creo que él me lo haya pedido. ¿Qué me importa lo que haya hecho o dejado de hacer en el 2001 o en el 2005, por ejemplo? Mi relación con él comienza desde hace un año y yo me circunscribo a ese período de tiempo. Guste o no a quienes nos leen y nos escuchan, que visto lo visto deben ser legión.

Anteponen estos anónimos demasiado conocidos (porque encima dejan rastro de las IPs desde dónde mandan sus correos, amén de dar detalles que sólo conocen muy pocas personas) que Gonzalo se quedó un día dormido en una retransmisión o que no llegó a tiempo a un partido de fútbol. Eso debe ser un hecho tan decisivo que ni tan siquiera merece la salvaguardia de la Convención de La Haya. Nada, que lo fusilen a primera hora del día de mañana.

Lo es que gracioso es que esos mismos que tiran toneladas de mierda sobre determinados compañeros, saben también arrojar la misma cantidad de arena para tapar los disparates de sus amigos. Por mi trayectoria de años en diferentes medios de comunicación he conocido mil y una excusas para escaquearse de una dura jornada de trabajo tras una noche de alcohol, sustancias raras y desenfreno. Desde ese compañero al que se le murieron (literal) tres abuelas en menos de un año, al otro que fue capaz de perderse uno de los acontecimientos más importantes porque había vomitado de todos los colores después de recorrerse todos los bares de Santa Cruz y la mitad de los de La Laguna.

Conozco a muchos compañeros que hoy están en puestos importantes y que, como todos, se han corrido sus buenas jaranas y han tenido deslices profesionales un día concreto. ¿Es motivo para dejar de contar con ellos? Pues no y máxime cuando los hechos que le imputan a Gonzalo se refieren a cuando apenas era un imberbe, un adolescente que en vez de perder el tiempo en el Parque de La Granja se dedicaba a aprender un oficio, de periodista, el de comunicador.

Y bueno, ya tanto que saben de la vida y milagros del señor Castañera, estos amigos del insulto y del anonimato barato parecen que olvidan que estamos ante el primer locutor que se puso al frente de las operaciones radiofónicas en Tenerife el día de la riada en la capital, el 31 de marzo de 2002. Fue la primera persona en llegar a Radio El Día y ponerse al habla con el alcalde, con Miguel Zerolo, para que los ciudadanos supieran cuál era el estado de las cosas en aquellos momentos trágicos y llenos de incertidumbre.

Desde luego, como amante de la libertad y de la crítica, es bueno que haya contraste de pareceres, pero es curioso que la gente que tiene algo en contra de otra recurra al manido sistema del anonimato, de no dejar sus datos, de dar, en definitiva, la cara. Gonzalo está tan curado de espanto que le da lo mismo lo que digan de él, pero sí que hay cosas por las que no transige, como nos pasaría al común de los mortales, y quien crea que antepuso el apellido Castañeda al de Duboy porque quería crear confusión con otro Castañera, Juan Carlos, es que no conocen ni media a este comunicador. Posiblemente, todos los males vengan por su espíritu crítico y de querer buscar la verdad de las cosas. Y eso, mi querido amigo, tiene un precio, el de la envidia cochina. Pero, ya sabes, ladran, luego cabalgamos, querido Sancho.

Comunicador sin cortapisas

Comunicador sin cortapisas

Dicen que en la variedad está el gusto y que hay que probar de todo para hacerse una idea meridiana de lo que está aconteciendo a nuestro alrededor. Esto, traducido a nuestro panorama radiofónico en Tenerife, sería como escuchar los informativos de las grandes cadenas, Ser, Cope, Onda Cero, Canarias Radio La Autonómica, Radio Nacional, Radio El Día y complementarlo con las noticias y opiniones que no tienen cabida ahí por distintos intereses (normalmente comerciales) todos muy respetables. Por eso, como oyente, cuando uno ha pasado por el arco diario de todos esos diales, agradece encontrar ese soplo de aire fresco, esa novedad arrolladora, en la voz de Gonzalo Castañeda en A todo Tenerife, en Es Radio Pulso Tenerife.

Les hablo de una raza de periodista que, al igual que otro común amigo, Ángel Suárez, se atreve con todo y con todos. No es que busque dejar títere sin cabeza, sino que va a degüello contra lo que considera que es una injusticia de tomo y lomo. No tiene pelos en la lengua, no se corta a la hora de llamar a las cosas por su nombre y tiene la fortuna de contar con un respaldo empresarial que, de momento, no le ha puesto palos en las ruedas.

El problema que tenemos en este santo país, llamado España, es que la envidia es una cosa mala. Muchos critican a Gonzalo Castañeda por su estilo irreverente, por creerse que está delante de un púlpito impartiendo doctrina y discursos doctrinarios. Nada de eso. Para mí, como para muchísimas otras personas, este comunicador es un auténtico descubrimiento. Desde la pasada temporada lo empecé a escuchar con cierta asiduidad y, siempre que mis labores me lo permiten, también suelo tomar parte activa en sus animadas tertulias económicas (y eso que de números saben más mis compañeros Fran Concepción y Jorge Merlos).

Por supuesto, que a nadie le quede duda de que estoy más que a gusto en los otros medios en los que también tengo la oportunidad de participar y para mí siempre será un honor tomar parte en ellos, pero desde esta modesta tribuna no puedo dejar de agradecer y admirar, a partes iguales, el trabajo que desempeña un genio de la radio que, quizá sin los medios de los enormes trasatlánticos, sabe bucear hasta el fondo de las cosas y que no tiene miedo a la hora de llamar a las cosas por lo que son, aunque algunas veces le cueste reprobaciones públicas, como las de la señora Odalys Padrón (que rima con follón) por desvelar con medio año de antelación su pase al PSOE de Santa Cruz donde, qué curioso, igual se queda sin rascar bola.

Sinvergüenza desmemoriado

Sinvergüenza desmemoriado

Siempre lo he dicho y lo mantengo. El socialismo, al menos el representado en las últimas décadas, hiede a sinvergonzonería, caradurismo, hipocresía y amoralidad. Las manifestaciones de Felipe González al periódico El País dejan bien a las claras que estamos frente a un personaje que considera que los españoles, perdón por la expresión, somos imbéciles. El inventor de la cultura del pelotazo, el míster X del GAL, el hombre que corrompió toda la vida pública de la nación, se presenta ahora como alguien al que los acontecimientos le superaron, que nunca supo que sus más fieles colaboradores le habían traicionado y lamenta, pásmense ustedes, no tener los ahorros suficientes como para comprarse un terreno. ¡Hay que echarle bemoles al asunto!

No nos puede extrañar, sin embargo, que FG, al que ya se le llamaba popularmente Albal, porque era quien mejor envolvía a los chorizos, haga este ejercicio de amnesia, de poner cara de yo no he sido, que pregunten al de al lado. Este caballero, con el oficiante Iñaki Gabilondo, tuvo la santa caradura de decir a los telespectadores que él no tenía nada que ver con la guerra sucia de los GAL y que estaba poniendo los medios para atajar una corrupción a la que él era ajeno. Claro, los Fondos Reservados, como es bien sabido, son de libre acceso para todos los españoles. Por eso, este fin de semana tomé prestados un par de miles de euros para hacerme un viaje a Barcelona e irme a la Clínica Corachán a hacerme un chequeo con la inexistente doctora Bacallado y en Navidades me iré al Caribe, también a cuenta de esa partida. De verdad, es que es para miccionar y no echar gota.

Pero esperen, que aún hay más, dice nuestro ex presidente socialista que él, ahora mismo, sólo anhela tener algunos ahorros para poder comprarse un pisito o tener un terrenito. Hay que tener unas tragaderas de campeonato para que el papel no se rasgue o que la página web no se bloquee ante tal demostración de mentiras. Es que lo de González es una perla tras otra. Sin estar en las grandes listas oficiales, la fortuna del ex jefe del Ejecutivo español es una de las más relevantes, desde luego nada que ver con las apreturas de cualquier mileurista. Sus aficiones como gemólogo le han reportado suculentos beneficios y sus negocios con personajes tan poco recomendables como Carlos Slim y otros afines a las dictaduras caribeñas le han proporcionado una jubilación doradísima.

González, ya en el colmo del despropósito, niega cualquier posibilidad de acercarse al mundo de las tertulias y para ello recurre al manido ejemplo de Manuel Azaña, que decía que cada ciudadano debía limitarse a hablar de lo que sabe. Posiblemente, si Míster X hablase solamente de los conocimientos adquiridos en 14 años de estancia en la Moncloa daría de sobra para hacer varias tesis doctorales sobre la corrupción, los crímenes de Estado, la chapucería a la hora de acabar con ETA o los espionajes a todos los españoles, labor ésta que prosigue a la perfección el ministro que te la clava, el señor RuGalcaba, curiosamente hombre fuerte del felipismo en sus últimos estertores.

Barra libre de insultos

Barra libre de insultos

Nos insultan. Hemos llegado a un punto de nulo respeto internacional que ya vienen a ponernos de vuelta y media en nuestra propia casa y nadie del Gobierno de España es capaz de salir en defensa de nuestros intereses. Nada, aquí viene cualquiera y puede hablar de nuestro país o de nuestras gentes como mejor le venga en gana, normalmente además para soltar improperios a mansalva. Esto me recuerda a esas insoportables visitas que vienen a tu casa y, sin decoro alguno, se permiten el lujo de ponerte a caldo. Es decir, las reglas mínimas de urbanidad y de educación no existen cuando vienen el embajador de turno y el ministro de Exteriores a llamarnos extorsionadores o de que falseamos las informaciones. Y, desgraciadamente, esto ha sucedido en la semana que recién acabamos de finalizar.

Dos episodios muy concretos han decorado adecuadamente nuestra fortaleza diplomática como nación. Para empezar, la recién nombrada ministra de Exteriores, la señora Trinidad Jiménez, puso cara de póker cuando su homólogo marroquí, Taieb Fassi-Fihri, soltó la perla de que la prensa española está ofreciendo una información sesgada y falsa sobre el conflicto del Sáhara, de la muerte del menor y de las tácticas que usan ciertos periodistas españoles para poder introducirse en los campamentos saharauis. Ante estos ataques, ni media protesta de la señora perdedora de las primarias madrileñas, en una demostración palpable de que la estrategia del Gobierno de España sigue siendo la de plegarse a los mandatos de Mohamed VI.

Pero no nos hemos recuperado de las andanadas del señor Farsi-Fihri cuando se produce otro altercado, el del embajador venezolano en España, Isaías Rodríguez. El amigo de hacerse fotos y compartir chiquitos con el entorno de los etarras dice ahora que la policía española le vejó y le retuvo 15 minutos el pasaporte en la terminal 1 de Barajas. Claro, por supuesto, ya me veo a la señorita Jiménez descolgando el teléfono y llamando al camarada Chávez para pedir una y mil disculpas por el desdén de los agentes policiales a su querido representante en España.

Lo cierto es que los que conocemos como se las gasta el régimen del Gorila Rojo y sus secuaces no nos sorprende en absoluto estos montajes tan mediáticos como absurdos. Resulta hilarante escuchar a Isaías Rodríguez hablar sobre las faltas de respeto de nuestra Policía y de sabe Dios qué otros problemas pueden tener los venezolanos cuando llegan a nuestra fronteras. Esto lo dice el tío de un país que mangonea los intereses de nuestros ciudadanos, donde el presidente expropia empresas como si no costara, donde miles de hacendados canarios o descendientes de ellos lo han perdido todo porque el régimen chapista se ha chalaneado las propiedades y Zapatero, cómo no, tranquilo en su sillón.

Sinvergonzonería zapateril

Sinvergonzonería zapateril

El presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, ha vuelto a sorprendernos con una nueva lección magistral de caradurismo, sinvergonzonería y amoralidad por arrobas. Este personaje que nos ha tocado en las urnas, como al que le toca la muñeca chochona en la tómbola, es una auténtica estafa, un loco peligroso al que conviene poner a buen recaudo en cuanto sea posible. Semejante individuo no puede estar más tiempo al frente del país. Debe creerse que los ciudadanos somos tontos de nacimiento o que nos chupamos el dedo. El gesto de vil desprecio que ha tenido con el Papa Benedicto XVI va mucho más allá del clásico consejo del galeno amigo del “hágaselo mirar”.

Cuando uno gobierna una nación lo hace para todo el mundo, no sólo para contentar a esas minorías para que, según los hechos, le sigan votando en un futuro. Sabemos de la nula creencia religiosa de Zapatero, aunque luego es capaz de renunciar a sus principios morales y pierde el culo (la vergüenza la perdió horas después del 11 de marzo de 2004) para ir donde su amigo Obama y querer participar en aquel desayuno de oración. Por supuesto, a él los versos sagrados se la traen verdaderamente floja, la idea era hacerse la foto con el nuevo amo de la Casa Blanca al precio que fuese, aunque fuese negándose a sí mismo.

Por eso, sinceramente, no es de recibo el comportamiento de ZP en el día de hoy con la visita de Benedicto XVI. El jefe del Ejecutivo no puede dar la espantada por respuesta, pero está claro que a este zoquete que tenemos por mandatario le da lo mismo Juana que la hermana. Es más, aprovechando que el Papa estaba por Santiago ha cogido, ni corto ni perezoso, ha descolgado el teléfono para llamar a Televisión Española para que, sin decir ni media a nadie, un equipo viajase de incógnito con él hasta Afganistán. De hecho, en un lapsus de la presentadora del Telediario 1, María Casado, ésta anunció que la presencia del presidente del Gobierno por aquellos lares había sido por sorpresa. ¡Qué curioso!

Los verdaderos motivos de ZP para no acudir a Santiago no son otros que el temor a la gran pitada, al Zapatero dimisión. Teme la presencia en público porque sabe como se las gasta la ciudadanía, esas personas que eran, a su juicio, tan demócratas e inteligentes cuando abucheaban y hasta agredían a los políticos del PP, pero que ahora ya no le hacen gracia al presidente cuando los improperios se vuelven a él con la misma virulencia con la que él los lanzó contra la vertiente ideológica contraria.

Este es el verdadero adalid y paladín de la alianza de las civilizaciones, de esas naciones donde el respeto a los derechos humanos y a la vida no valen absolutamente nada. Cualquier insecto tendría más privilegios en esos ámbitos que cualquier mujer. Pero nada, la pijoprogresía seguirá prefiriendo ponerse el disfraz de talibán y denunciar únicamente los casos de pederastia de la Iglesia. Deleznable, desde luego, que la Santa Sede no termine de dar un puntapié en salva sea la parte a monstruos de esa calaña, pero más demencial me parece que aquí haya quienes le rindan pleitesía a esos países donde matan por nada a decenas de féminas (y aquí, por supuesto, sin enterarnos).

Vía Crucis rojiblanco

Vía Crucis rojiblanco

Vía Crucis atlético este domingo en el Santiago Bernabéu. Guste o no a los que somos seguidores rojiblancos, el 1 está cantado en la quiniela. No queda de otra. No hay lugar a la sorpresa, siquiera a un inquietante 2-1, 3-2…Nada de eso. Llevamos más de una década sin mojarle la oreja a los merengues ni dentro ni fuera de casa y en esta ocasión, más que nunca además, tenemos menos posibilidades que sacarnos el megabote de la Euromillones en combinación con el Gordo de la Lotería de Navidad. Vamos, en definitiva, que yo iría pensando más en el partido del sábado que viene frente al Osasuna y evitarme sanciones o lesiones bobas en el coliseo madridista.

Siempre habrá quien replique esta columna, colchoneros exacerbados que crean en un milagro. Pero es que ya de por sí es una cita prácticamente imposible desde que se sortea el calendario y encima te ves que llegas a la cita sin Godín y Perea en defensa, con problemas serios para Domínguez y Reyes, amén de un Forlán en horas bajas y obsesionado por su falta de gol. Suficientes argumentos (por si acaso al Madrid le faltaba alguno) como para salir ya con el estigma del perdedor desde que la expedición haga su entrada por Concha Espina.

Lo que me hace gracia son estos periodistas sabelotodo que critican que el Atlético se dé por contento con entrar en la Champions. Pues oigan, señores expertos, es que es lo que hay. A día de hoy, competir con Real Madrid y Barcelona es un sueño imposible. Fíjense, haciendo las cuentas del gran capitán, ya firmaría yo como buen rojiblanco perder todos los años ante los dos grandes (fuera y en casa), tener tropiezos ante alguno de los equipos de la zona noble (léase Sevilla, Valencia, Villarreal o Ath.Bilbao) y ganar absolutamente todo lo demás. Prácticamente sería garantizarse un promedio de 70-80 puntos que, incluso, alcanzarían en algún supuesto hasta para ganar alguna Liga.

Por eso, de verdad, no me volvería loco en un derbi de estas características cuando tienes todo en tu contra, plantilla, nivel de juego, estadística y que juegas en terreno ajeno. Sé que hay rojiblancos que cambiarían un título el domingo a las 21 horas por vencer en el Santiago Bernabéu. Yo, después de lo visto hace unos meses, me quedo con esa Liga Europa y la Supercopa Europea. Sí, perdimos los dos partidos ante el eterno rival, pero al final nosotros tuvimos dos títulos más una final perdida y los merengues se quedaron a verlas venir. Pero claro, hay que tener una mentalidad de equipo grande y algunos colchoneros siguen pensando en pequeño, en esas batallitas de ganarle un derbi al Madrid, aunque luego quedemos a 40 puntos en la clasificación.

La culpa es de Juana Patricia

La culpa es de Juana Patricia

La culpa de la violencia de género la tuvo Juana Patricia que, boba ella, se dejó meter tremendo cachetón por el tarambana de Luis Alberto quien, a su vez, se lo montaba con la Ángeles del Rosario y sus amigas todas las noches en la barra del bar y acababa llegando a su casa borracho, maloliente y con más deudas que las empresas de Gerardo Díaz Ferrán o Fernando Peña Suárez. Y claro, como millones de féminas están enganchadas al culebrón del momento y asumen el mensaje de violencia del galán macho y machista, entonces es normal que en España no se pueda erradicar el maltrato sobre la mujer. Muy elocuente la investigación de la señora Ángela Mena. Lo que no sé si eso lo dijo antes o después de tomarse su tila diaria en Jalea de Menta.

Lo cierto es que la señora esposa del presidente del Gobierno de Canarias ha encarado un tema tan delicado como la violencia de género de la forma más superficial posible que pueda existir. Convengo en que los diálogos de estas telenovelas no es el más indicado para fomentar unos cánones de respeto, pero de ahí a deducir que su lenguaje contribuye a que aumente la violencia de género, sinceramente, va un trecho demasiado largo y es intentar coger el rábano por las hojas.

La erradicación de la violencia de género no empieza ni termina porque las acciones o los guiones de los culebrones sean más almibarados. Es más, antes que meterse a arreglar los mundos de ficción, comencemos por meternos en nuestra propia realidad, en esos realities de Telecinco, por ejemplo, donde el macho de la cabra se siente como el sultán del harem frente a una camada de docenas de señoritas deseando fervientemente montárselo con el interfecto a cambio de luego ganar unos miles de euros contando las aventuras bajo las sábanas o como el gigoló de saldo y esquina las maltrataba y les hacía someterse a sus oscuros y delictivos caprichos sexuales.

La violencia de género, señora Mena, es algo demasiado serio como para tomárselo a la ligera, para hablar de ella superficialmente. Todo empieza desde abajo, desde la escuela, desde el hogar familiar. A quien no se le enseñe valores, téngalo por descontado, acabará siendo un auténtico animal capaz de creer que la mujer es de su propiedad y a la que podrá maltratar a su antojo.

Ya puestos, señora Mena, dígale a su señor esposo, Paulino Rivero, en la parte de competencia autonómica que le corresponda en materia de Justicia, que mejore los mecanismos de protección a las víctimas de la violencia de género. A veces la denuncia sólo sirve para precipitar el fatal desenlace porque una Administración sorda, ciega y deshumanizada sólo hace las cosas por protocolos, no por urgencias del momento. Y, finalmente, siga usted encaprichada con los culebrones y no mire usted hacia Oriente, como hacen muchos de estos progres de cartón. ¿O es que la lapidación de mujeres en ese infernal mundo islámico no supone una lacra, señora Mena?

Idiotez apellidada

Idiotez apellidada

Noticia de última hora, José Luis Zapatero Rodríguez crea el Ministerio del Apellido. Oiga, que diría mi amigo Sabina Padrón (consio, ya me alteró el orden de la procedencia paterno-matena), que le ha desordenado al presidente lo que viene después de su nombre. Pues sí, pero es que ZP es muy amante de la igualdad y, mire usted, resulta que ahora prioriza el Zapatero por encima del Rodríguez. No es que sea madrero, es que es muy feminista, ¿o no se acuerda usted del ista, ista, ista, Zapatero feminista? Pues eso, que así se las gastan aquí determinados politicastros, carape.

Pero bueno, a estas alturas de la película legislativa, ¿nos vamos a sorprender por el nuevo invento monclovita? La verdad es que no. Esto es una de las tantas cortinas de humo que gestan a la perfección desde la churrería socialista. Se trata de naderías, como la porra, muy grande, pero rellena de aire. Sólo es una masa grasienta, pero cuando uno investiga un poco y se encuentra con el vacío más absoluto. Esas son las propuestas e ideas del PSOE zapateril, cantos de sirena, gestos de cara a la galería, pero que no tienen ni fuste ni fundamento.

A mí, qué quieren que les diga, esta soplapollez del orden de los apellidos o de que haya que priorizar el orden alfabético supone una pérdida de tiempo y crear polémicas donde no las hay. ZP está por la labor de cargarse una tradición que, discutible o no, es como hemos funcionado durante las últimas décadas. Es tan simple como que yo me apellido Alonso Velarde, pero es un detalle nimio. No voy a querer más a mi padre o a mi madre por tener un apellido delante del otro. Es más, mis columnas siempre están coronadas por Juan Velarde (el nombre de él y el apellido de ella y así todos tan contentos), pero perfectamente podrían haber sido suscritas con Juan Alonso, Antonio Velarde o lo que ustedes quieran.

Eso sí, pónganle el cuño de que con esta medida vamos a asistir a una nueva fuente de ingresos para los abogados y a más carga de trabajo en los juzgados. Es lisa y llanamente buscar problemas donde no los hay. ¿Se imaginan ustedes a esa pareja que tiene la fortuna de ser padres, pero empiecen a litigiar por los apellidos? Ella, que primero el suyo, Bacallado (por ejemplo) y él que no, que debe ser el suyo, Gómez (también a modo de ejemplo). Total, que ni jugándoselo a los chinos ni el criterio de la prioridad alfabética (ahí ganaría ella), esto acabaría irremisiblemente en manos de un juez o de un jurado popular. Como vaya todo tan rápido como el resto de asuntos, igual el niño llega a la mayoría de edad únicamente con el nombre. Oiga, ¿y los apellidos? me interpela mi tocayo. Fácil, Pendiente de Confirmación (y encima eso, un de que revela origen aristocrático).

Anónimos muy conocidos

Anónimos muy conocidos

Los anónimos están a la orden del día, sobre todo en internet, aunque también hay especialistas en darte el coñazo con números ocultos a través del móvil. ¡Menudos son esos amigos de bancos y seguros que utilizan los teléfonos no visibles para darte el coñazo! Pero no, no es mi intención hablar hoy de los que usan la vía hablada para colocarte su rollo o para intentar saber quién está detrás de la línea sin que tú sepas quién es tu comunicante. Hoy quiero hablar de esas personas que juegan a ser otras en la red y que, cuando hay dinero de por medio, intentan aparentar una cierta bondad, pero buscan información complementaria, que metas la pata y, finalmente, intentar revertir una situación en la que estaban metidos hasta el fango, con claro riesgo de ahogamiento económico-financiero.

Para ser claro y que me entienda el que o los que me quieran entender. Alguien, revestido del espíritu del anonimato, lleva molestando varios días con una serie de informaciones que han llegado hasta mi poder a raíz del juicio en el que está implicado Fernando Peña Suárez (Salatín, Paybo, La Gaceta de Canarias) por sus desmanes, disparates y lamentable ingeniería contable de su fracasado proyecto periodístico. Al parecer, no le gusta al personaje que se vayan filtrando datos sobre todos los pufos que ha podido dejar tras de sí y ahora, al verse despojado de argumentos, utiliza un arma tan previsible como infantil, la del anonimato.

En el fondo, qué quieren que les diga, que hasta da pena que tenga que utilizar a caballos de Troya para hacerme llegar una serie de datos tan personales que, por respeto y consideración, no pienso sacar a la luz pública, pero que merecen, cuando menos, un comentario. Y es que, de verdad, ¿qué demonios me importa a mí si C engañó a B y que a su vez éste le estafó a A? Yo soy, en esta película, la última letra del abecedario, el paria, el estafado, el esquirol, lo que ustedes mejor les venga en gana poner o considerarme.

A mí, como al resto de compañeros esquilmados, lo que nos interesa es ver hasta el último céntimo de las cantidades adeudadas, que este caballero pague hasta la última raspadura de euro y que luego, en todo caso, él se entienda con los que le metieron la puñalada trapera. De todas maneras, esa no es mi guerra y tampoco me importan las peleas entre los machos de la cabra.

Así que, querido (o querida) ser anónimo/a, vete obviando esas estrategias tan burdas como poco efectivas. Bien es cierto que me lo he pasado en grande y hasta he conseguido saber de donde proceden ciertos documentos, pero ya no estoy para perder el tiempo y te puedo asegurar que yo soy un mindundi, un cero a la izquierda y hasta un desautorizado moral para ciertas cuestiones, pero sé de más de uno que no es tan dialogante (y menos con hipotecas y colegio de los niños por pagar) y que podría pasar de las palabras a los hechos. Y si las primeras son gruesas....los segundos...ni te lo imaginas.

Pecados mortales en la red social

Pecados mortales en la red social

Las redes sociales han supuesto una verdadera revolución en el mundo de la comunicación social. No estamos hablando del clásico portal del ligoteo o de poder hallar sexo fácil, rápido y gratos. Nada de eso. Me refiero a los famosos Facebook o Twitter, que te permiten ponerte en contacto con tus amigos, jefes o poder entrablar relaciones más allá de lo puramente amistoso. Prácticamente, son como un mundo paralelo al nuestro, aunque virtual, claro está.

Eso sí, me ha chocado una información que ofrece el periódico The Huffington Post sobre las cosas que no deberías de publicar en tu perfil y, siendo algunas lógicas, me resulta increíble que haya gente que proporcione esos detalles. Pero parece que la gente, tan remisa a dar ciertas informaciones a un desconocido en plena vía pública, las ponga a disposición de millones de potenciales visitantes en la red de redes.

La primera de las informaciones que parecen ser tabú, a juicio de la noticia aparecida en este diario es la fecha y lugar de nacimiento. Dice que en algunos países puede permitir que ladrones descubran tu DNI. La verdad es que ese dato lo desconocía, al igual que millones de usuarios de estas dos redes sociales.

El segundo aspecto es que se previene sobre el empleo del segundo apellido, el de la madre. Apunta el rotativo que suele ser habitual como contraseña para muchas cuentas de correo. La verdad es que habría que ser tornillo para colocar como password un dato así, aunque un estudio reveló hace tiempo que muchas claves de acceso tienen como denominador común el 1234. Alentador...para los hackers.

Esta información alerta sobre los riesgos de dar los nombres de los hijos. Supongo que debe ser para evitar posibles secuestros o extorsiones, amén de para proteger la propia integridad del menor, aunque también es habitual que se cuelguen fotos de los niños. De hecho, tengo muchos amigos que las tienen hasta en su muro.

La astracanada viene en las cinco siguientes recomendaciones, pero cuando se dan debe ser porque ahí individuos que actúan así y que dan la dirección de casa y el plano de la misma, los largos viajes y las horas que están fuera de casa o los días que les restan para irse de vacaciones. Bueno, la verdad es que si yo fuese amigo de lo ajeno y experto en entrar en domicilios a robar, es que me lo ponen a huevo. Esta clase de personas deben ser como aquel tipo de Sevilla que puso su domicilio en unas octavillas en las que hacía descuentos a los compradores de su droga. ¡Angelito él!

También es cierto que es para correr a gorrazos a aquel que expone confesiones delicadas o fotos inadecuadas a la vista ya no del mundo mundial, sino de tu propio jefe. Eso es algo que a mí me maravilla. Hay quienes a su superior no le tragan en persona y, en cambio, se lo echan de amigo en la red social. Luego se quejan de despidos y represalias en los trabajos. Vamos, es que entre que coloques las fotos de las borracheras (justo el día en que habías pedido permiso por enfermedad) o que se te ocurre llamarle tonto de los c...a tu jefe y colocar la perla en el muro...es para que te fundan.

Otro detalle es el número de teléfono. Bueno, hasta cierto punto, siempre que sea un móvil y lo tengas por motivos profesionales, tampoco lo veo tan descabellado. Otra cosa sería dar el fijo o el teléfono de tu domicilio. El celular, al menos, puedes desconectarlo si ves que te dan el coñazo. El fijo tienes que descolgarlo y ya es una alteración de tu intimidad.
   
Como puntos finales, se desaconseja relatar las experiencias más extremas (como saltar en paracaídas) ya que hay compañías de seguros que rastrean las redes sociales antes de dar un seguro. También es verdad que los departamentos de recursos humanos de determinadas empresas han recurrido a esta fórmula para seleccionar o descartar a posibles candidatos.

Por último, si uno quiere mantener cierta intimidad, que su perfil no salga en los buscadores, google verbigracia, es mejor que no sea abierto. De hecho, si uno quiere localizar a una persona y desea saber si está en una determinada red social, basta con meterse en Google, poner nombre y apellidos entre comillas y, magia potagia, allí que aparece el susodicho. Si, desde luego, eres alguien con problemas delictivos...mejor tápate o, más conveniente aún, no te hagas un perfil.

No estaba muerto...

No estaba muerto...

No estaba muerto, está tomando cañas. Lo que pasa es que la cogorza le ha durado dos meses, lo suficiente para que ligue un coma etílico en la competición regular y, de paso, tirase por encima del mantel la única Copa cardiosaludable a las primeras de cambio. Esta ha sido la trayectoria del Tenerife, embriagado del fracaso más absoluto hasta que alguien se ha dado cuenta de que podía caer irremisiblemente en el alcoholismo definitivo, el del descenso a Segunda B. Entonces sí que las ventas etílicas iban a incrementarse considerablemente en la isla.

La escuadra blanquiazul se acostumbró rápidamente a olvidar los fracasos acumulados. Cual perfecto borracho, los desatinos por esos campos de Dios (amén del suyo propio) iban cobrando una dimensión cada vez más peligrosa. De hecho, los efluvios vaporosos de las bebidas espirituosas iban haciendo mella en cierto sector de la canallesca deportiva de la isla que, pese a tener cinco derrotas acumuladas, aún iban haciéndole el juego a los vendehumos del Callejón del Combate hablando del ascenso. Menos mal que un tipo coherente como Nino tuvo que decir en una rueda de prensa que parecía de risa hablar de luchar por la Primera cuando aún ni siquiera se había logrado el primer punto.

Por supuesto, la victoria de ayer por la tarde es un primer paso para desengancharse del alcoholismo victimista, pero sólo es eso, un pequeño avance. Los blanquiazules tienen un largo trecho para salir del pozo y eso sólo se soluciona a base de tragos de realidad, con la claridad y la nitidez de la realidad. Tan cristalino como el agua. Lo peor que le puede pasar a este club es que se reenganche a los malos hábitos, algo tan sencillo como el de aquel drogadicto que no puede pasar sin su dosis diaria.

Esperemos que nadie se ponga a hacer ahora las cuentas del Gran Capitán. La permanencia se sitúa a cuatro puntos y ese es el reto a conseguir ahora y por lo que queda de temporada. Después, Dios y la Liga dirán. Pero un club que de 30 puntos sólo logra seis, no creo que pueda aspirar a mucho más. La racha del desenganche tendría que resultar tan sumamente espectacular que prácticamente el verbo perder ya no fuese conjugado en lo que queda de temporada. Y me da que eso va a ser imposible.

Por eso, seamos didácticos y realistas. Vayamos a por lo que es tangible, alcancemos el famoso campamento base que diría Martín Marrero y luego a ver hasta dónde alcanzan las fuerzas. Pero no hay que olvidar la realidad. Hoy, 1 de noviembre, el Tenerife es vigésimo primero, con seis puntos y a cuatro de la permanencia o, si lo quieren de otra manera, a cuatro puntos de evitar el descenso a la Segunda División B.