¿Crisis en Grecia? Pues ya verán en España
Pintan mal las cosas para España en materia económica, pero ya no sólo en relación a un problema interno, con alrededor de cinco millones de desempleados, y subiendo, creación y destrucción de empresas con la misma facilidad que se chasquean los dedos o el incremento lógico de las peticiones de ayudas sociales para poder llevarse, más que sea, un mendrugo de pan a la boca. No, esto, con ser ya un escenario horrendo, no es nada comparado con lo que, en petit comité, se está manejando en el seno de la Unión Europea. Al parecer, circulan unas encuestas internas sobre el estado de la economía de cada uno de los estados miembros y, asombrosamente (o no) las alarmas se disparan cuando se refieren a España. Miren que Grecia está mal, en una situación de coma financiero sostenido, pero es que la herencia que está legando José Luis Rodríguez Zapatero ya ha traspasado fronteras y hay quienes mantienen que como nuestro país caiga a los niveles de los helenos, lamentablemente, no va a haber remedio que nos saque del atolladero.
Cierto es que a veces desde Bruselas, Estrasburgo o Luxemburgo las cosas no se analizan a detalle, sino que se ven en un contexto más general y, por ejemplo, en 1995 España no cumplía ni uno de los requisitos para estar en la Europa del euro. Bien es verdad que en 1998 no sólo se nos aceptó en ese inicialmente selecto club, sino que además nos dieron pase VIP para ir directamente a la clase oro, lejos del vagón de tercera categoría o de segunda donde inicialmente estábamos destinados a viajar. Ahora bien, tampoco es falso que hubo un cambio de Gobierno y pasamos del socialismo de la corrupción y el derroche a la gestión de los conservadores, a quienes hay que atribuirles todo el mérito de habernos puesto a nivel de Alemania, Francia o Italia.
Ahora, 15 años después, nos encontramos frente una tesitura de semejantes características, con un Ejecutivo socialista que se ha mostrado incapaz de frenar la sangría del paro, que se ve desbordado a la hora de tramitar las ayudas sociales (las anuncia, pero luego no hay ficha financiera, como el cheque-bebe o los famosos 400 euros) y que se ha convertido en el hazmerreír del resto de socios europeos. Insisto, la preocupación por España existe y se teme muy mucho que en cualquier momento esto estalle por los aires y dejemos en un juego de niños lo que ha acontecido, por ejemplo, en Grecia. Desde luego, esta especie de presidencia parcial de España al frente de la UE está discurriendo con mucha pena y sin ninguna gloria. ZP trató de convertir este semestre en una especie de plebiscito virtual para demostrar al resto de la Unión que es un dirigente capaz de manejar los hilos de los 27, pero viendo el desbarajuste diario de su casa, en Europa le dijeron que nada de mangonear más allá de los Pirineos. Lo peor es que, seguramente, tenga que ser la propia UE la que, de seguir así, tenga que rescatarnos de los desatinos de Míster Bean (digo de ZP).